La colita
Se podría suponer que cuanto más grande y luminosa es una estrella, más tiempo permanece brillando. Es al revés. A mayor masa, más intensa es su gravedad y más rápido consume su hidrógeno. Por tanto, pende sobre ella el riesgo de una vida más breve.
De ahí nace, paradójicamente, la ventaja de las estrellas chicas. O de las que todavía no brillan, como los glóbulos de Bok, pequeños puntos redondos y negros que flotan en vastas nubes de gas.
A Uruguay le conviene ser un glóbulo cuya inteligencia le ayude a elegir aliados con cuidado, ya que a su alrededor brillan con loca voracidad unas cuantas estrellas portentosas.
He dicho esto a simple fin metafórico, para ir ahora a la política exterior.
Así como estoy lejos de ser un entendido, tengo claro que el etanol maravilloso combustible barato que proviene de la agricultura está a punto de obrar un milagro entre grandes estrellas: el eje Estados Unidos-Brasil, del cual, según se ha dicho, podría beneficiarse nuestro país.
De ser así, qué seductor apostar adónde habrá que meterse toda la gritería y caminatas insultantes dirigidas a Bush, infantilismo vernáculo contra el cual ni siquiera Tabaré ha podido, pese a decirles a todos, apelando al sentido común, que «el comercio no tiene ideología».
Pero hay otra cosa acerca de la que conviene reflexionar en serio.
El eje Bush-Lula sólo será posible en tanto no lo sea el eje Chávez-Lula. Por algo el sonriente caribeño ha decidido visitar a Kirchner que oscila como péndola de reloj, sin definirse, a ver si agrega huestes para empardar la carta del astuto metalúrgico.
En fin, si es por el etanol, cuya importancia económica pocos parecen haber advertido, Uruguay está bien ubicado. Asumiendo su pequeñez de glóbulo de Bok, todo sugiere que tiene claro a quiénes arrimarse para que crezcan, por las dudas sólo lo necesario, su masa y su hidrógeno.
Igual a la mujer que sabe poner la colita al sol para que se le broncee parejo y no se le ampolle. *
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