Escrito por: ANTONIO PIPPO
Ignoro si el proyecto de nueva ley de educación comprende -y debería hacerlo- la enseñanza del manejo de Internet a escolares y liceales. No de la operación mecánica o la digitalización, sino de sus innúmeros contenidos.
Internet es un instrumento estupendo para el desarrollo del conocimiento; allí todo parece sencillo y claro. Empero, hace falta una cierta preparación para interpretar el aluvión de datos que ofrece sin el riesgo de una inducción dañosa.
Veamos un ejemplo de estos días. Circula en la red la especie de que dos populares fármacos contra la impotencia masculina -el Viagra (sidenafil) y el Levitra (vardenafil)- serían más efectivos que la nitroglicerina en el tratamiento de ataques cardíacos y la protección del corazón. Es curioso. Hasta ayer se decía que si un hipertenso o alguien con dificultades cardíacas o vasculares consumían Viagra sin control, podían morir en el acto. En el acto aquél, obvio.
Es como las sentencias sobre el chocolate, o la yema del huevo, o el vino tinto, o la carne asada: han ido y venido alegremente, construyendo súbitas contradicciones capaces de que el más sensato haga una trombosis cerebral. Ese es el gran problema de Internet: es muy democrática, hay de todo como en botica, pero… ¿y la verosimilitud y la certeza científica? Parece buena idea preparar a niños y adolescentes para enfrentar este complejo fenómeno, desarrollando sus capacidades de duda razonable y de investigación.
Hace años hubo una curandera, ‘ña Santa, que decía que el asma se curaba si el enfermo escupía sus flemas dentro de la boca de un sapo vivo. Era asqueroso. ¡Y la de sapos que salieron como locos, croando de repugnancia e indignados por semejante vejación!
Pero, como lo decía ‘ña Santa, se hizo por años. Hasta que sus fracasos causaron que otra curandera, que odiaba a los sapos, le quitara el lugar.
Antes, está claro, el tiempo y la cantidad de información eran otros. Pero no ha cambiado tanto el fondo de la cosa *
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