Kirchner abrió las sesiones ordinarias del Congreso Nacional

El hermano de Alicia, en el país de las maravillas

Sentado con las manitos no tan temblorosas como durante su última lectura pública en cadena nacional los últimos días del año 2006, y minutos antes de la aparición del militante bonaerense Luis Gerez, el presidente volvió a agitar la bandera de los derechos humanos para blanquear una gestión plagada de tantas irregularidades administrativas como las que caracterizaron la década menemista.

Su discurso rememoró el inolvidable amor hacia el «capitalismo serio» con el que abrió las sesiones aquella primera vez que pisó el Congreso con bastón de mando y, ya sin timidez, argumentó las bases de confianza y previsibilidad generadas en el contexto internacional para el pago de obligaciones negociables adquiridas, luego de saldar los créditos leoninos con el FMI y reestructurar la deuda con el Club de París.

Apuntó sobre el aumento del PBI, la disminución a un dígito de la desocupación, el crecimiento del poder adquisitivo ­de quienes no están marginados del sistema estadístico­ y, como siempre, dio cátedra al periodismo sobre econometría, presbicia investigativa e indolencia frente a la inamovible anomia que domina la estructura social.

Repasó los numeritos redondeados por los recategorizados funcionarios del Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) para reivindicar la positiva marcha de la economía.

Destacó la reducción de los índices de pobreza y desocupación heredados de la crisis de 2001, por los cuales Argentina habría «salido del infierno», y se animó, cual Juan Domingo Perón, a vaticinar un «modelo argentino» para la comunidad organizada, que esta vez no se organizó ni aglutinó en las escalinatas del Congreso para vitorear al líder carismático.

El movimientismo sigue siendo una asignatura pendiente de quien dice ser portador de justicia social, aunque las prácticas patoteriles de sus allegados resulten una versión posmoderna de las que se sirvió el ministerio de Bienestar Social como antesala de la última dictadura. Esta vez con Guillermo «Pistolita» Moreno y Emilio «Madonna» Quiroz como principales exponentes.

Alrededor de 600 policías custodiaron las espaldas del presidente y de la primera dama, sobre la cual nada dijo acerca de su postulación en los comicios de octubre. No obstante, su nombre fue festejado por los mismos diputados, senadores y funcionarios legislativos que vitorearon al presidente interino Adolfo Rodríguez Saá cuando aseguró que la deuda con el FMI no sería saldada. Los mismos que también aplaudieron a Eduardo Duhalde cuando aseguró la devolución de dólares para quienes habían realizado depósitos en esa moneda.

Así, Néstor Kirchner inauguró su última página frente a un Congreso adicto que, por la noche, aprobó sin debate la reforma previsional y que está más preocupado por prender eróticos inciensos sobre los avispados ojos de Cristina para entrar sigilosamente en lista a sus sábanas, sea candidata a presidenta o continúe en el rol de honor como primera dama.

Como bien señaló la revista de sátira política y humor ­tan negro como la realidad­ Barcelona, luego de la gira de la primera ciudadana en una de sus tapas: «Cristina Kirchner: Julio López no está en París». Sigue desaparecido y no hay pistas de su paradero.

De lo que sí existen más que certezas es sobre la creciente prostitución infantil en los feudos provinciales, el despojo minero, la destrucción sojera, el pujante turismo sexual, el desguace de la Universidad pública y hasta ahora gratuita, el boom inmobiliario sin la investigación pertinente sobre el origen de esos fondos, la enajenación de la renta petrolera, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, el incremento de un sistema político clientelar con barras bravas a sueldo, los subsidios a las empresas privatizadas, las nunca gratuitas concesiones en materia de radiodifusión y telecomunicaciones, el desmantelamiento de los organismos de control, el estado de emergencia del sistema sanitario, entre otras pequeñeces olvidadas del discurso triunfal, que conforman una fisonomía de país en estado cadavérico. *

(*) Argenpress

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