Constatación
He hecho una constatación que me ha inducido a la perplejidad.
El ministro de Economía es un hombre de izquierda y un respetable economista. Al senador Couriel lo califican ambas condiciones. Los dos integran el Frente Amplio desde el inicio. Y los dos signaron el programa que esa fuerza política entregó al gobierno.
Sin embargo, el senador Couriel ha venido exponiendo unas diferencias notorias con el ministro de Economía. Como ejemplo, y al solo fin de que el lector analice si me he equivocado, tomaré una.
El ministro de Economía dijo: «No creemos que el gobierno tenga que elegir a dedo a aquellos sectores en los que se especializará a altos niveles de calidad». Y el senador Couriel retrucó: «Si no se pueden elegir rubros se cierran las posibilidades de políticas sectoriales, selectivas y activas».
No tiene pinta de ser una diferencia menor.
Se trata de cómo hacer el país productivo. O sea ¿es el mercado el que debe determinar qué áreas recibirán los mayores apoyos? ¿O conviene que el Estado decida cuáles son más apropiadas a un proyecto global?
Lo que menos quiero es pasar por distraído. Se está hablando, entre dos respetables economistas de izquierda y de la misma fuerza política que sostiene al gobierno, de teorías que difícilmente concluyan en la misma realidad.
Le confieso, lector, que prefiero la intervención del Estado. No creo que el juego del mercado estimule más el empleo estable, radique más gente en el campo y permita diseñar una política productiva de largo tranco, flexible pero con aliento por lo menos para una década.
Claro, ¿quién soy yo? Un ciudadano común, perplejo. Por eso mismo ¡qué bueno si se pusieran de acuerdo!
Y dicho esto, qué paradoja se abre. El simple deseo de que haya acuerdo puede llevarme de la perplejidad a una duda: ¿acaso tan crucial asunto no debió ser zanjado cuando todos el ministro de Economía y Couriel incluidos aprobaron el programa de gobierno?
¿A quién hay que preguntarle? *
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