Insistencias
-¿Qué me serviste, Chiquito?
-Caña con pitanga.
-No es.
-Mirá la botella. Caña con pitanga.
-¡Pero no es, te digo!
Este diálogo, que interrumpo antes de su final, lo escuché en un boliche suburbano. Hoy viene a servirme misterios que reservan la memoria y la asociación de ideas cuando la mente envejece para confesar algo que no entiendo.
La oposición política tiene la misión, esencialmente parlamentaria, de controlar los actos del gobierno. Por tanto, es legítimo que convoque a representantes de ese gobierno cada vez que crea que hay un hecho, una decisión o unas circunstancias que deben ser aclaradas. Está ejerciendo un derecho constitucional y la forma más directa de acceder a la información.
Lo que no entiendo es esa insistencia caprichuda de la oposición en un asunto, luego que le ha sido explicado y sabe que esa explicación será mantenida en el tiempo. Una cosa es que exprese su insatisfacción y hasta que la use como parte de su estrategia política; pero otra cosa incomprensible, al menos para mí, que no soy del todo avisado es que se siga convocando una y otra vez a los mismos representantes del gobierno con la secreta pretensión de…¿qué?
Ha ocurrido otra vez. La ministra de Salud Pública respondió sobre el conflicto en el Hospital de Maldonado y sobre una cirugía a la que allí fue sometida una jubilada de filiación frenteamplista. Los legisladores de la oposición expresaron insatisfacción por una de las respuestas la otra cayó sobre ellos con el peso del dos de la muestra y, aun sabedores de que no cambiará el discurso oficial ni las decisiones tomadas, anunciaron que seguirán convocando a Muñoz a comisiones o plenarios cuantas veces lo crean necesario.
Quizás algún día yo entienda estos modos parlamentarios.
Mientras tanto ruego, por la salud de una democracia civilizadora, que a nadie del gobierno se le ocurra contestar, ni siquiera simbólicamente, como contestó el Chiquito a su cliente:
-¡Andá a la puta que te parió! *
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