Una reflexión muy poco complaciente de los hechos que conmueven al mundo
Suzanne Bier tiene el antecedente de su anterior «Corazones abiertos», que la mostró como una revelación escandinava.
Aquí trabaja sobre personajes y ambientes reconocibles, a partir de la idea de que la guerra y la violencia destruyen a la gente en estos tiempos tan poco pacíficos.
Las convulsiones en los países árabes rebotan sobre la vida diaria de occidente. La guerra es un infierno y cambia a la gente. Esa es, si se quiere, la idea básica que recorre este melodrama familiar sobre el que repercuten acontecimientos militares lejanos, concretamente, la lucha en Afganistán contra el régimen Talibán. Ese conflicto de hoy es empero el telón de fondo, en cierta forma el pretexto que la directora Suzanne Bier emplea para enmarcar su retrato de dos hermanos de características muy opuestas, que se van modificando a medida que los acontecimientos inciden sobre ellos.
Al comenzar el filme, Michael (Ulrich Thomas) es descrito como un típico individuo de clase media, mediana edad y buenos sentimientos, que tiene una relación armoniosa con su esposa (Connie Nielsen), una casa confortable y dos hijas al tono. La oveja negra de la familia es su hermano menor Jannik, que ha estado en prisión y ha salido de ella. Toda esa relación cambiará drásticamente cuando Michael sea enviado a Afganistán y su helicóptero caiga tras las líneas enemigas. El exprisionero de guerra, monosilábico y endurecido por el sufrimiento, que volverá meses más tarde será otra persona. Y en Dinamarca la vida ha seguido, su esposa y su hermano se han ido acercando progresivamente como consecuencia de la ausencia del otro, y las tensiones del reencuentro llegan a volverse insoportables. La violencia y los celos ensombrecen inevitablemente el cuadro.
La directora Bier contempla con cierta fineza esos virajes de sus personajes, exhibiendo un ojo para capturar los matices ordinarios de la vida de cada día y deslizando detalles reveladores acerca del carácter de los personajes: la esposa, por ejemplo, usa la misma chaqueta desaliñada y una bufanda rosada a través de todo el filme.
Si una película fuera apenas su argumento (no lo es), ésta podría parecer levemente melodramática y «de fórmula». Pero la fórmula le sirve a Bier para cumplir su real objetivo: un cuadro social y humano muy escandinavo, con personajes complejos y que evolucionan a través de la historia, con una sensación de «extrañamiento» que tiene que ver con actitudes y comportamientos más que con las situaciones en sí mismas.
La directora Bier, que no es una novata aunque alcanzó una fama internacional con su película anterior «Corazones abiertos» (2002), rehuye aquí los procedimientos del Dogma (ese invento de sus compatriotas Lars von Trier y Vinterberg) que utilizó en esa película. Aquí trabaja, especialmente, sobre los personajes y su entorno, y para ello cuenta con la herramienta insustituible de un elenco superior (Connie Nielsen en su propio idioma es una actriz muy superior que en inglés). Premio de actuación a Nielsen y Ulrich Thomsen en San Sebastián, premio del público en el Sundance, Créteil y Boston, premio de la crítica en el Festival de Hamburgo, premio Bodil a Connie Nielsen.
El filme podrá verse en la sala de la avenida 18 de julio 1280 en los horarios de 17.50, 19.30 y 21.10 (sábados trasnoches, 23.40 hs.) *
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