La política económica y las discusiones en la izquierda
Los dos primeros años de gestión del gobierno del Frente Amplio (FA) deben considerarse como un éxito. El crecimiento económico ha contribuido a los logros alcanzados. Tres factores coadyuvan a obtener un aumento del Producto Bruto Interno (PBI), entre 6% y7% anual:
La coyuntura internacional con muy altos precios internacionales de los productos de exportación, derivados especialmente del dinamismo económico de China e India. Si bien el alza del precio del petróleo nos afecta, los precios de la carne, la soja, el arroz y los lácteos han facilitado avances significativos en materia de exportación y producción. Por otro lado, el dinamismo del sector de la construcción ha contribuido al crecimiento del PBI. Las obras en Punta del Este, Montevideo y Fray Bentos provienen de la inversión privada con financiamiento externo.
La credibilidad y confianza de los agentes económicos obtenidas por el Presidente de la República y el equipo económico, desde la campaña electoral de 2004. Se controló la inflación, lo que desmiente las creencias de la derecha y de la oposición, de que los gobiernos de izquierda se caracterizan por el caos, la especulación, fuga de capitales y elevada inflación. Este es un logro importante del equipo económico.
El dinamismo económico genera arrastres que ayudan al crecimiento del PBI. El aumento de 12% en 2004 ayudó al elevado crecimiento del 2005, y éste al del 2006.
Tres afirmaciones del equipo económico, controvertibles en la izquierda, nos interesa analizar en esta nota:
1. «El Ministerio de Economía y Finanzas contribuye al país productivo con la estabilización financiera y fiscal» 1. Es una afirmación clásica de la ortodoxia económica, del FMI y se la escuchamos en múltiples oportunidades a los ministros de Economía de los partidos Colorado y Nacional. Se inscribe también en la propuesta sobre modificaciones de la Carta Orgánica del Banco Central donde se plantea, como función primordial de dicha institución, la estabilización de precios. La función de la política económica sería estabilizar. Lo demás correría por cuenta del mercado. Nosotros entendemos que en los equilibrios macroeconómicos no sólo se deben plantear variables de carácter financiero, como la inflación y el déficit fiscal, sino también objetivos fundamentales como el crecimiento y la mejora del empleo. La experiencia ha mostrado la posibilidad de utilizar instrumentos para la estabilización que afectaron el crecimiento. El ejemplo argentino, de la década del 90, es paradigmático. La ley de convertibilidad permitió controlar la inflación pero destrozó el aparato productivo y explicó, en buena medida, la crisis económica, financiera y social del año 2001. En el caso de Uruguay, la política cambiaria de fines de los setenta y principios de los ochenta, conocida como «la tablita», atendió primordialmente la estabilización de precios pero generó una enorme desconfianza, fuga de capitales, incremento sustantivo de la deuda externa, fuerte caída del producto y aumento del desempleo. El atraso cambiario de la década del 90 mejoró la estabilización de precios, pero facilitó una fuerte caída del producto y del empleo, especialmente en el sector industrial. En estos dos años de gobierno del FA se ha dado una fuerte inflación en dólares, que, en algunos casos, no ha tenido consecuencias negativas por la elevación de los precios internacionales de los productos de exportación. Inusitadamente el equipo económico proyectó para los cinco años de gobierno inflación en dólares, es decir que la inflación interna va a aumentar en mayor medida que el tipo de cambio, lo que a la larga nos encamina al atraso cambiario, que hoy es muy nítido con respecto a la moneda argentina y más leve con respecto al dólar. Por ello planteamos para la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central que sus fines primordiales sean la estabilización de precios, el crecimiento y el empleo. Al estilo de la Reserva Federal de EEUU que, cuando entiende que la inflación es alta, aumenta la tasa de interés pero también la rebaja para enfrentar el desempleo. En sus fines primordiales se contempla combatir tanto la inflación como el desempleo. Por las mismas razones el Ministerio de Economía y Finanzas no solo debiera contribuir con la estabilización, sino que sus políticas cambiarias, monetarias y fiscales también tienen que tener en cuenta los objetivos de crecimiento y empleo.
2. «No creemos que el gobierno tenga que elegir a dedo a aquellos sectores en los que se especializará a altos niveles de calidad» 2. Es una afirmación que está de moda en ciertos círculos de economistas, que en esencia entienden que la política económica no debe elegir rubros ni sectores, ya que esta elección es función del mercado. Si no se pueden elegir rubros se cierran las posibilidades de políticas sectoriales, selectivas y activas. En especial para los sectores productivos la utilización de estos instrumentos es vital, pero sobre todo para la política de empleo. ¿A qué rubros estimular para generar más empleo productivo si no se pueden elegir? ¿Cómo tomar medidas específicas para apoyar actividades informales, en créditos y asistencia técnica, si no se puede elegir rubros para efectivizar políticas selectivas?
3. «Si hay un modelo mejor, estoy dispuesto a analizarlo, no lo conozco» 3. En esencia no se conoce cuál es el modelo alternativo a la actual política económica. Esta es una afirmación novedosa, porque contradice años de esfuerzos en el Frente Amplio para criticar las políticas económicas de los organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, y proponer políticas alternativas. La izquierda mundial muestra un débil panorama en materia de propuestas y modelos alternativos. Pero en América Latina, las propuestas alternativas de los últimos tiempos derivan del pensamiento pionero, creativo y enriquecedor de Fernando Fajnzylber, especialmente en «Transformación productiva con equidad» que después desarrolló la Cepal. En esta línea de propuestas alternativas a la ortodoxia macroeconómica, se ubican múltiples publicaciones en la Cepal de José Antonio Ocampo y Ricardo French Davis, en Argentina de Arturo O´Connell, Roberto Frenkel y Aldo Ferrer, en Brasil de María da Conceicao Tavares y José Serra, en México de David Ibarra y en EEUU de Joseph Stiglitz y Dani Rodrick. Más modestamente, pueden verse propuestas alternativas de política económica en los capítulos VII, VIII y IX de «La izquierda y el Uruguay del futuro» del autor de esta nota.
Por último, la inversión directa extranjera es relevante también en un gobierno de izquierda, cuando es funcional y compatible con la estrategia de desarrollo. Pero también es central la inversión nacional, pública y privada. En los países que reciben los mayores niveles de inversión directa extranjera, ésta sólo representa alrededor del 10% de la inversión total. *
(*) Senador de la República. Economista.
1 Astori, Acde, 7 de diciembre de 2006.
2 Astori, Acde, 7 de diciembre de 2006.
3 Astori, diario LA REPUBLICA, 10 de octubre de 2006.
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