Casinos municipales

Investigar no ofende. Decidir tampoco

Está bien investigar. Respaldamos enfáticamente la actitud de la Junta Departamental de formar una comisión investigadora, que preside un edil del FA, y la decisión del intendente Ehrlich de realizar una investigación administrativa. Y si es necesario o conveniente pasar los resultados a la Justicia, que así se haga. No conozco frenteamplista que opine lo contrario. Con Arana a la cabeza, quien ha hecho de la ética y la transparencia las cuestiones medulares en lo público. Nadie cree que investigar ofende, o sostiene que las indagaciones periodísticas serias no correspondan. Todo lo contrario, contribuyen a introducir transparencia y determinar, si las hay, responsabilidades verificadas de la naturaleza que fueren. No todo resultado negativo tiene por sí la condición de delito: puede resultar de factores comunes y archiconocidos. También es cierto que quien realiza una gestión política tiene responsabilidades políticas y éticas que lo condicionan. Aun cumpliendo adecuadamente los procedimientos administrativos y legales y no vulnerando ningún artículo del Código Penal, se puede incurrir en faltas de ética o en una gestión desastrosa, merecedora de críticas en lo político. No debemos mezclar las cosas ni confundirnos, creyendo que todo es lo mismo. Simplemente, hay que revisar lo que se hizo y sin prejuicios extraer conclusiones sobre bases ciertas. No es nada común que una sala de juego dé pérdidas. Por el contrario, las salas de juego son una fuente bastante segura de ganancias, y con mucha frecuencia motivan altas inversiones turísticas y hoteleras. Pero si además hay quien sostiene, sugiere, presume o sospecha, que existieron irregularidades o acomodos, con más razón se justifican las investigaciones, para la salud moral de todos. Una vez terminadas, las distintas instancias se pronunciarán, y cada uno emitirá su juicio, nosotros incluidos, con conocimiento de causa.

 

Los problemas estructurales

Por consiguiente, no nos ocuparemos ahora del resultado de las investigaciones, porque no han terminado, pero sí de los problemas estructurales que será necesario encarar. Si no se pudo hacer durante la administración anterior por el impacto de la debacle de 2002, el ardor de las polémicas internas en el proceso del Hotel Casino Carrasco, el posterior fracaso de la inversión privada y la conflictividad sindical que se vivió en el período, si no fue posible es una cosa, pero si no se hace ahora es bien otra. Porque el problema estructural se ha agravado. Y nada mejor, para dar cuenta de él, que la expresividad de las cifras. Hemos escuchado demasiados disparates estos días, ingenuos o interesados, como para dejar de hacerlo. Algunos creen que se evaporaron 13, 14 o 15 millones de dólares como producto de una increíble maniobra que pasó inadvertida para las máximas y tontas jerarquías municipales. La realidad es un poco más pedestre y pública. Y no deja de resultar algo curioso que se le dé tanto titular repentino a una situación que se arrastra de lejos. Hace casi una década que se registra una disminución de ingresos y aumento de egresos, que determinó que el año 1998 fuera el último con ganancias, 1999 un año de equilibrio, y a partir del 2000 los casinos comenzaran a dar déficit, en un proceso que no ha podido revertirse. Estos números en rojo han estado reiteradamente a la vista en todos los balances y rendiciones realizados. También, dicho sea de paso, los contratos de alquiler de salas y de slots, buenos o malos, siguieron el curso administrativo correspondiente y estuvieron sometidos a los controles usuales.

Montevideo es el único departamento que tiene casinos municipales. Las salas del Parque Hotel y del Hotel Carrasco fueron durante décadas las únicas existentes en la capital. Pensadas como complemento de la oferta turística y hotelera, se nutrían de un variado público que no tenía aquí otras alternativas. Pero esa situación cambió sustancialmente. En la década de 1990 la Dirección General de Casinos fue autorizada para habilitar nuevas salas en Montevideo y se inauguraron varias con modernas y exitosas modalidades de juego. Por otro lado, los hoteles municipales dejaron de funcionar como tales y el interminable reciclaje del Hotel Carrasco lo hizo poco atractivo, y no parece que el anexo del Hotel Oceanía haya creado una alternativa importante.

En pocos años la capital vio crecer salas con excelentes ubicaciones para la convocatoria de público: el Casino del Radisson Victoria Plaza en 1995, las salas de slots ubicadas en el Montevideo Shopping Center y en el local que fuera de «El Día», además de otra ubicada en el Geant, muy cercana a los límites departamentales. También vivió la reapertura del remozado Hipódromo de Maroñas y el florecimiento de los juegos telefónicos a través de la televisión, nuevas variedades de apuestas vinculadas a la quiniela, las apuestas deportivas y últimamente dos sorteos de quiniela diarios.

Este marco de competencia creciente impactó en los casinos municipales. Sabemos que la gestión pública tiene una rigidez en sus costos mucho mayor que la privada y que el derecho público le impone una agobiante pesadez. Porque es bueno aclararlo: no es el juego en sí el que da pérdidas. El nivel de ganancias de todos los tipos de juegos se mantiene bastante constante; las pérdidas se generan principalmente por los costos de funcionamiento de las salas. Los alquileres de locales y máquinas, las retribuciones personales, los aportes diferenciales al BPS, los gastos de funcionamiento, alcanzan un volumen que no es absorbido en su totalidad por lo que produce el juego.

El sector público no bancó la competencia del privado.

La distribución del mercado lo muestra: la participación de la IMM en el juego de casinos total de Montevideo en 2004 era menor al 24%. Una palabra sobre los hoy famosos slots: el mercado del juego en Montevideo incluía, en setiembre de 2005, 2.442 slots de los cuales 692 (29%) de la IMM, 1.250 de Hípica y 500 del Victoria Plaza. Sin embargo, la participación en el mercado de los slots públicos equivalía a un 14%, porque su ingreso diario era muy inferior al promedio, y si bien el porcentaje de utilidad que se transfería a los arrendadores de máquinas tragamonedas (unas 14 empresas) era significativamente inferior al mercado privado, una cosa no compensaba la otra.

En valores constantes de setiembre de 2005 los ingresos de los casinos municipales cayeron de 467 millones de pesos en 1998 a 310 en 2004 (un 34%) y los egresos subieron de unos 400 a más de 450 (279 millones, más del 85%, correspondían a remuneraciones). Quiere decir que los ingresos apenas cubrían las retribuciones personales, que superaban claramente, en términos de costos brutos para el Estado, los 40 mil pesos mensuales por trabajador (aun descontando partidas extra para pasivos) y que la mayor parte de los impuestos y los gastos de funcionamiento acumulaba déficit: de ahí sale el grueso de los 13 a 15 millones de dólares de 2000 a 2005.

No hay que hacer de los trabajadores las cabezas de turco de esta historia, pero no se puede ignorar que el sector público no compite en costos en diversos rubros con el privado. La inmensa mayoría de sus 488 funcionarios percibía un eje de 30 mil pesos a setiembre de 2005 al acumular al sueldo base otros conceptos, de acuerdo con la categoría, como porcentaje sobre ingresos de los casinos, propinas o asegurado de casinos, pago extra sobre sexto día o viáticos. Lo anterior sin considerar el régimen especial de licencias, ni los aportes por bonificación jubilatoria por trabajo insalubre (estimado entonces en 700 mil dólares anuales). En el costo para la administración se deben considerar los aportes patronales del 19,5% más 1% por FNV y las partidas no salariales comunes a todos los funcionarios municipales. También se debe computar el porcentaje sobre ingresos de los casinos para unos 400 ex funcionarios.

¿Se justifica hoy que la Intendencia Municipal explote los casinos en forma directa? ¿Es un
sector estratégico? O, como dijo el Pepe Mujica en 1997, «la timba no es para el Estado»? Sus hoteles ya no funcionan como tales: el Parque Hotel es la sede del Mercosur y el Hotel Carrasco tiene por delante un proceso de recuperación edilicia de tiempo indefinido. El futuro dirá. Sin perjuicio de las decisiones de las próximas horas o días. *

(*) Senador

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