¿República de niños?
Cuando uno no entiende se aferra a la duda.
No sé si entendí correctamente a Francesco Tonucci, pedagogo italiano al que la Unesco y el Ministerio de Educación invitaron a Uruguay. Deseo creer que la síntesis periodística por la que me informé distorsionó sus ideas.
Aludiendo a la Convención Internacional por los Derechos del Niño, habría hecho postulaciones compartibles y otras que inducen a la confusión: el niño puede ayudarnos a mejorar su educación diciendo lo que siente y quiere; hay que dar libertad a los niños para expresar sus ideas y que los adultos las escuchen; los niños tienen derecho a tomar posición cuando hay decisiones que los afectan; la escuela que no tenga la metodología de consultar a sus alumnos es ilegal.
Claro que el niño puede ayudar a mejorar su educación. Y es necesario que exprese lo que siente y quiere. Pero cuando Tonucci dice si es que lo dijo que tiene derecho a tomar posición cada vez que hay decisiones que lo afectan, omite aclarar, creando un sofisma, que el artículo 12 de la Convención establece: «…se garantizará al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio, el derecho de expresar su opinión libremente (…) teniéndose en cuenta sus opiniones en función de su edad y madurez».
¡Edad, madurez y condiciones para un juicio propio!
Si Tonucci omite esos aspectos, e insisto en que la prensa pudo haber dislocado su pensamiento, ¿acaso propone crear una república infantil para que la escuela sea legal? Si el niño cualquiera, sin que se tengan en cuenta su edad ni su capacidad intelectual quiere cambiar la escuela de lugar, reducir sus clases y castigar a los maestros que le caen mal, ¿qué se hace? Escucharlo, sí. ¿Pero luego? ¿Quién y cómo se hace cargo de las expectativas de ese niño que se expresó en libertad, fue escuchado y ahora siente que debe recibir una respuesta favorable?
Una vez más: quizá no entendí. Y quiero entender. Que alguien aclare, porque vale la pena.
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