NUEVOS CONVENIOS CON EL MTOP MEJORARON EL TRABAJO Y LA RETRIBUCION

Reactivan industria naval y varadero de Carmelo

* Parecía que el varadero de Carmelo se había extinguido, pero a partir del año pasado comenzó un nuevo período de crecimiento de una industria que está desapareciendo en nuestro país.

Escrito por: GABRIEL MONTEAGUDO - COLONIA

Domingo 18 de febrero de 2007 | 8:45
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Desde el año pasado, los trabajadores del varadero de Carmelo han realizadoimportantes obras para varios departamentos.

Algo cambió en Carmelo. Se percibe en el aire, ahora quebrado por el sonido metálico que sale de los galpones.

El varadero muestra diferencias con respecto a la última vez que vinimos: ahora hay gente trabajando. El repique de martillos y herramientas sobre los viejos metales de las embarcaciones que se están reparando evidencia un renovado entusiasmo. Son más de 60 los trabajadores de este taller, una de las pocas reparticiones del Estado especializadas en la industria naval en el país.

Poco hay en común con el silencio y la depresión que se percibía a principios de 2000 y, más recientemente, en 2004, cuando la desazón por la falta de trabajo y la ausencia de la Dirección de Hidrografía los había convertido casi en una especie en extinción. “Ahora hay gente que cree que Uruguay debe volver a utilizar sus cauces de agua para el traslado de mercaderías, y eso va a desarrollar la industria naval”, señala Luján Michelena, quien desde setiembre del año pasado está a cargo del varadero. “Prácticamente habíamos sido olvidados por la dirección anterior”, recuerda.

Michelena, más conocido como “Supi”, nos recibió la semana pasada para contarnos los cambios en el varadero, teniendo en cuenta que su trabajo había mermado casi hasta la desaparición en los últimos años del gobierno de Jorge Batlle.

“Con la asunción de Víctor Rossi en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y la dirección de Edy Jury en la Dirección de Hidrografía logramos firmar una serie de convenios que nos permiten tener más trabajo, hacer más horas y obtener una mejor retribución”, señaló.

“Los trabajos que se hicieron durante 2006 fueron cuantiosos. La Dirección encaró con mucha fuerza la reparación de las embarcaciones. Había que realizar dragados muy importantes, como el del puerto de yates de Colonia, que se venía posponiendo por no contar con las embarcaciones necesarias”, dijo. Michelena explicó que se trataba de un dragado de bastante profundidad, y para hacerlo se necesitaba recuperar una de las dragas de cangilones”. La dureza del suelo, con fondo de piedra, no permitía el uso de una draga chupadora.

Esta herramienta, en estado ruinoso, fue cedida a la cooperativa de dragado que se formó durante el gobierno de Lacalle, experiencia que terminó “en desastre”. “Cuando la embarcación volvió estaba muy deteriorada, pero luego de mucho trabajo, logramos recuperarla”, señaló Michelena. La draga se armó con partes de otras en desuso que datan de 1929, y es la única que queda con este sistema para atender todas las vías navegables de Uruguay.

Las chatas para tirar el material a río abierto son autopropulsadas, y también fueron reparadas por la gente del varadero. “En un primer convenio recuperamos una draga de cangilones, dos chatas grandes de 200 metros cúbicos cada una, y el remolcador DHR2, el más grande que tiene la Dirección de Hidrografía”.

 

Sin herederos

Para resurgir, el varadero debió establecer un régimen laboral exigente. Los obreros se comprometieron a trabajar mayor cantidad de horas diarias, “con una remuneración por día efectivamente concurrido a trabajar y un plazo estipulado para finalizar las obras. Si lográbamos los objetivos en esos plazos percibiríamos el dinero, de lo contrario se nos empezaría a descontar un porcentaje por día que nos retrasáramos”. Michelena afirma que, afortunadamente, “todo salió bien”, y los trabajos culminaron en el plazo previsto, por lo que se pudo llevar a cabo el dragado de Colonia.

El primer convenio terminó el 1º de julio, y enseguida se firmó otro. Ese segundo acuerdo se extendió desde julio hasta fines de 2006, período en el que se recuperaron refuladoras, remolcadores, botes de maniobra, y se comenzó a construir una balsa y un topador para Treinta y Tres. El varadero realiza además el mantenimiento de las balsas ubicadas en Garzón, Picada de Oribe, Ramírez y San Gregorio de Polanco.

A pesar del nuevo impulso del gobierno, Michelena recuerda que no hay gente joven para aprender el oficio. “Acá hay mucha gente conocedora en materia naval que no tiene a quien trasmitirle sus conocimientos. Falta gente joven que aprenda el oficio de reparación y construcción naval”, señaló.

Para este año estiman que el ritmo de trabajo no va a decaer, ya que la firma de los convenios les permite “incentivar a la gente para que trabaje contenta y sume un pesito más a sus ingresos”.

Mientras tanto, el viejo pito del varadero sigue sonando en las madrugadas de Carmelo, para convocar al personal y para avisar, como una arenga, que la industria naval de la que supo estar orgullosa este pueblo se resistió a morir y hoy vive la esperanza del renacimiento. *

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