Quienes vieron a Carambola asistieron a un primer premio adelantado
Vieja Viola
Un excelente maquillaje, una puesta en escena notable y un diseño de vestuario muy creativo nos indican que «ha llegado Vieja Viola a cantarle al Carnaval».
La escenografía está compuesta por un viejo armario y una luna llena en una ciudad dormida. El saludo al Carnaval muestra una tercia que sobresale, como antaño.
Los murguistas salen del armario: son los habitantes arquetipos de realidad de la ciudad onettiana de Santa María.
El coro canta a varias voces y tiene un buen director a su frente, pero presenta algunos altibajos. Con el popurrí de actualidad la murga arranca aplausos; tiene buena crítica y sátira. En el cuplé que alude al plebiscito de 1980 Coco Rivero representa a la anciana de la ciudad, hilo conductor de la historia. Se utiliza la melodía del tema de Larbanois-Carrero «Santa Marta», elección lógica para un relato que arranca en los años 60. Siguen destacándose las muy buenas puestas en escena y los movimientos de la murga, incluida su batería.
El fragmento entre el menor inimputable y el milico, que estuvo a punto de ser censurado, no tiene nada que hubiera ameritado esa sanción. Posteriormente llega el cuplé del armario. La canción que precede a la despedida está muy bien lograda y en la retirada la murga plantea un viaje que busca el último tablado que queda en la luna, una luna que ahora brilla en todo su esplendor, con buen aprovechamiento de luces. La puesta en escena quizá sea la mejor hasta ahora. Fue una grata sorpresa encontrar a Onetti en Carnaval, tratado de manera inteligente. Consideramos que fue un buen debut de Vieja Viola.
Carambola
Con la escenografía, el vestuario y la puesta en escena que vimos apenas se levantó el telón, notamos una gran diferencia a favor de esta revista.
La orquesta es muy buena, apoyada por una media pista, y comienza con ritmo arrollador. El tema elegido es difícil, pero está muy bien planteado: la prostitución. Los tres actores que realizan los intermedios humorísticos muestran un buen desempeño: Virginia Rodríguez, Gustavo Antúnez y Fernando Larrosa.
Las prostitutas reclaman su dignidad, y hay también un mensaje de reivindicación hacia el travestismo.
El texto tiene mucho humor y transmite un mensaje profundo y reflexivo. Asimismo, las coreografías y bailes de la revista son magníficos.
Sobre el final hay otra dura reflexión social y política, pero se van con un ritmo avasallante. La gente premia su actuación. Nuestra opinión la dimos en el título.
Gurrumines
Se presentan con un vestuario muy colorido, al estilo murguero, y con una importante puesta en escena. El sol y la luna nos insertarán en la parodia, que contará con el relato de Pendota Meneses. Se trata de «La marcha de los pingüinos», un documental muy difícil de parodiar. Aun así la propuesta está muy bien lograda. A pesar de que no se puede apreciar lo gestual ya que los actores se ocultan en sus disfraces de pingüinos, disfrutamos mucho del humor de Pendota Meneses y Fernando Serra. Nino Ibáñez aporta calidad al cantar.
A lo largo de la parodia aparecen distintos personajes, como Gilberto Vázquez y el «pingüinesco» Vázquez Melo, que no podía faltar y está muy bien recreado.
«Si seremos desgraciados los pingüinos, que hace como 50 años que se inventó la televisión color y nosotros seguimos en negro y blanco», dice uno de los chistes de una parodia muy aplaudida.
La escenografía unos enormes iceberg comienza a cambiar para dar paso a la otra parodia, basada en la película «Elsa y Fred». El que para nosotros es el parodista por excelencia, Miguel «Pendota» Meneses, representa de modo descomunal el papel de China Zorrilla. Fernando Vannet lo apoya muy bien interpretando a Fred. Después de un largo tiempo, la pareja viaja a la capital italiana,»porque todos los caminos conducen a Roma, salvo camino Repetto».
Se trata de una muy fina parodia, que tiene además una excelente coreografía. Nos hizo recordar el maravilloso estilo de Los Gaby’s; no en vano su director responsable es hijo del director de aquel sensacional grupo de parodistas.
Para el final, Elsa (Pendota) se encuentra con Dios (Serra, en la primera parodia) y le dice: «Usted no va a los tablados». «Cómo no, fui al Malvín, al Defensor Sporting», contesta Dios. Pendota remata diciendo: «Pero debería ir también por Flor de Maroñas o por Manga; esa gente también tiene derecho». Es una gran reflexión final, con un doble sentido interesante.
La casi totalidad de las músicas utilizadas son inéditas. Su autor es Martín Souza, que integra la muy buena orquesta y se destaca como cantante.
Finísimo espectáculo de parodismo el de Gurrumines, que logró que el público los ovacionara de pie durante cinco minutos. *
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