Las discusiones en la izquierda
El Partido Nacional lo intenta permanentemente pero sin éxito. En los hechos, la izquierda uruguaya ha demostrado una extraordinaria capacidad unitaria, que es observada como paradigmática en el resto de América Latina. Ello se refleja en los distintos componentes de la fuerza política, en sus principales dirigentes y, especialmente, en las bases y militantes frenteamplistas. La unidad en el movimiento sindical, la incorporación formal de grupos que históricamente lucharon bajo formas guerrilleras, el pacto de sangre que unió a los frentistas en la etapa de la dictadura, entre otros elementos, ayudan a comprender esta actitud unitaria. El Frente Amplio arraigó y penetró con gran profundidad en la sociedad uruguaya. Por ello nadie se va de esta fuerza política. Los que se fueron desaparecieron políticamente o retornaron. Hoy la unidad es indestructible y pierden el tiempo algunos medios de comunicación, como sectores políticos de la oposición, que se afanan permanentemente por lograr una división entre las distintas fuerzas políticas que componen el Frente Amplio. Mi tarea de asesoramiento al Gral. Seregni hasta fines de 1988, la experiencia parlamentaria acumulada durante 16 años y diez años de «cabeza de lista» avalan esta convicción. No creo que el ejercicio del gobierno cambie esta situación.
El Frente Amplio es un movimiento plural cuya unidad está centrada en sus bases programáticas y en los acuerdos políticos de las fuerzas que lo integran. En 2005 llega al gobierno nacional. El gobierno, cumpliendo con el programa explicitado en la campaña electoral, debe tener un grado de autonomía relevante con respecto a la fuerza política. Esta debe cumplir un papel de apoyo al gobierno, pero también de control, sobre todo si la realidad obliga a modificaciones importantes del programa electoral. Pero para ello la orgánica de la fuerza política debe adecuarse a la circunstancia de ser el partido del gobierno y tener la necesaria capacidad de dirección, de operatividad y de respuesta para cumplir adecuadamente con sus cometidos. La Mesa Política del Frente Amplio no ha mostrado la capacidad para cumplir estas funciones. Existe un problema de composición y de representatividad que la afecta. Pero también, la publicación en los medios de cualquier discusión interna limita sensiblemente la capacidad de dirección. En los hechos, las principales figuras de los distintos sectores del FA no asisten a ella. Por ello, aparecen y reaparecen diversos mecanismos que buscan cumplir más adecuadamente el papel de dirección, como las reuniones de los «cabezas de lista», el secretariado ejecutivo o diversas formas de intentar cumplir el rol que la Mesa Política no ha podido cumplir con eficiencia. En realidad, es indispensable transformar el organismo de dirección para que sirva para la discusión política, para el análisis serio y profundo de la coyuntura y a veces de la propia cotidianeidad. Esto significa un acuerdo político de los principales sectores del FA para encontrar la mejor fórmula de dirección política, para encontrar el ámbito más adecuado de discusión política y zanjar las diferencias, cuando éstas existen. Si ello no se logra, lamentablemente, la discusión, en lugar de ser interna, se seguirá dando a través de los medios de comunicación, que están en todo su derecho de informar como les plazca, y esto no ayuda ni al gobierno ni a la propia fuerza política. Este es un problema central de conducción de la fuerza política, que a los distintos sectores les cuesta mucho encarar. A estas dificultades de dirección y conducción de la fuerza política se agrega el relacionamiento entre el Poder Ejecutivo y su bancada parlamentaria y, en especial, las dificultades de diálogo entre ésta y el equipo económico de gobierno.
Es natural que existan puntos de vista diferentes entre los distintos sectores del FA. El problema se da cuando se afectan principios básicos de la izquierda, o se interpretan de manera diferente elementos que modifican las bases programáticas. A veces, la realidad obliga a modificaciones relevantes. Por ejemplo, no se le puede pedir a la política fiscal un papel central sobre la redistribución del ingreso, si se recibe una muy pesada herencia de deuda en moneda extranjera. Pero puede haber matices que vale la pena discutir y saldar adecuadamente. ¿Dónde se discute, en qué ámbitos, y quiénes son los más representativos para su participación? Uno de los temas centrales de discusión de los últimos tiempos ha sido el de la inserción económica internacional, que en última instancia involucra a la propia política internacional, claramente definida por la fuerza política en sus bases programáticas y en su campaña electoral. La realidad puede generar modificaciones a dicha política. Tenemos un conflicto puntual con Argentina por la instalación de las plantas de celulosa en Fray Bentos. Brasil, para evitar conflictos con Argentina, no ha participado como se esperaba, pero realiza muchos esfuerzos para compensar el problema de las asimetrías que viene desde la propia conformación del Mercosur. ¿Esto significa atacar permanentemente al Mercosur, explicitar, como lo ha hecho el ministro de Economía, que Argentina y Brasil actúan como fuerzas imperialistas, que el Mercosur es la causa de todos los males e, inclusive, atribuirle responsabilidades que no tuvo, como las pérdidas de producción y empleo en la industria manufacturera en la década del 90? El discurso de la izquierda no es una cosa menor, y el discurso del equipo económico genera grandes confusiones en el seno de la izquierda. No resulta coherente atacar agresivamente al Mercosur y, por otro lado, explicar que es estratégico y que no nos queremos ir del bloque regional.
En estos momentos se anuncia la llegada del presidente de Estados Unidos, primera potencia mundial, en visita oficial a Uruguay. El gobierno de Uruguay va a tener una actitud digna frente a un mandatario aislado en el plano internacional, por sus enormes y profundos errores en la invasión a Irak, y ahora también aislado internamente por su derrota en los comicios parlamentarios de noviembre último. Una actitud digna es dialogar, buscar entendimientos comerciales para aumentar la cuota de carne o alguna mejor inserción de los textiles, pero de ninguna manera un TLC al estilo del que firmaron Estados Unidos y Perú, que el gobierno de Uruguay rechazó y cambió por un acuerdo marco para iniciar negociaciones a través del Tifa. Recibir inversiones directas extranjeras funcionales al país productivo y a la estrategia económica del gobierno, como hacen los países del sudeste asiático, también es positivo. Esto no cambia la política internacional de Uruguay, que sin duda es muy crítica a las acciones de Estados Unidos con algunos países latinoamericanos y a las invasiones basadas en decisiones unilaterales, sin el respaldo de los organismos de las Naciones Unidas. Pero sí genera confusión y por supuesto discusión dentro de la izquierda si el ministro de Economía y Finanzas declara que la política internacional sufre modificaciones después de la entrevista en Washington de nuestro Presidente de la República con el presidente de Estados Unidos en mayo de 2005. Esto lo manifestó en la interpelación que le realizó el Partido Nacional a los ministros de Economía y Finanzas y de Relaciones Exteriores el año pasado. El gobierno uruguayo debe dialogar, negociar y, si es posible, acordar con Estados Unidos atendiendo los intereses nacionales. Pero es muy difícil que, en la mayoría de los países del mundo, las sociedades no expresen sus puntos de vista contrarios a la política internacional de Bush. Seguramente, Uruguay no será una excepción. *
(*) Senador de la República, economista.
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