
A través de espejos, la murga propone la búsqueda del individuo. Apela para ello a una serie de minicuplés que incluyen el espejo del poder, el del re-cuerdo (interpretado por un re-loco), así como el infaltable referido a los puentes.
Desfilan diferentes personajes, como la reina del Carnaval de Gualeguaychú y Gilberto Vázquez. También se alude a la marihuana, con una puesta en escena que nos recordó el “tecito” de los Curtidores del año pasado.
En la cumbre presidencial, con sus tres presidentes, el texto flaquea, pero luego, al referirse a Evo Morales y la situación en su país, levanta notoriamente, logrando que la gente cante con la murga. También en el ámbito político se recuerda a todos los dictadores de la historia reciente de Latinoamérica.
Tiene una acertada puesta en escena, un coro muy potente que en ocasiones canta a varias voces muy bien arreglado por el “Yaya” Pereira y una batería que se mueve y suena muy bien. A nivel textual hay momentos muy buenos. El experiente Héctor Marega encarna el personaje que oficia como hilo conductor del espectáculo de manera acertada.
En la canción final dejan una reflexión, al indagar dentro del espejo a fin de poder verse a sí mismos. Cierra el espectáculo una contagiosa retirada que la gente acompañó. Después de un comienzo dudoso, quizá debido a su debut en el teatro, la murga se reacomodó y cantó muy bien; hay que prestar atención a este coro.
Nos parece que La Platense hizo méritos suficientes para estar en la segunda rueda.
Con una hermosa puesta en escena y un muy fino vestuario, que incluye coloridas capas y sombreros estupendos, se presenta El Gran Tuleque. La murga impactó desde el primer momento.
Una rampa ubicada detrás del escenario permite que la murga aparezca y se deslice durante toda la actuación. El eje de la propuesta es la competencia el poder trepar y sobre esa temática el espectáculo deja su mensaje.
Los personajes de Jessica y Brian que conducen un programa televisivo en el cual reciben mensajes de texto son estupendamente interpretados por Charlie Alvarez y Marcel García.
La crítica de la murga es dura, con un texto de muy buen nivel creado por Leonardo Preziosi, que puso su impronta también en la estupenda puesta en escena. El Código Da Vinci y los guerreros que se enfrentan con Argentina y, en fin, todo lo que presenta la murga están resueltos magistralmente.
Esta es una murga de mucho ritmo y movimiento, con un coro de maravilla arreglado al estilo de Andrés Atay. Se destacan varios solistas, entre ellos “Chato” Ambrosio, que sobresalió en la bajada de la murga, sumamente festejada por un público que se sintió colmado por un gran espectáculo murguero.
Diríamos que se parecieron a los Diablos Verdes en sus mejores años, y creo que de esa manera se puede definir la ubicación que desde ya otorgamos a esta murga. ¡Un lujo!
Los parodistas presentan una escenografía que fue protagonista por un hecho que comentamos aparte y una gran puesta en escena. El vestuario resalta aún más el gran trabajo coreográfico.
Desde la presentación ya notamos un coro que canta notablemente; cuenta con las voces de Daniel Sastre, Alejandro Hernández y Robert Díaz.
La primera parodia se centra en la vida del dictador Franco. Es sumamente reidera y tiene un gran contenido político y social. El personaje central, interpretado por “Cucuzú” Brylka, es magistral. Desde que le preguntan si conoce algo de la República y responde “Sí, Fasano la vende a 19 pesos”, la gente no para de reír. También es personaje de la parodia la ministra de Defensa, encarnada por Jorge Medina.
Un gran acierto es la recreación del informativo El mundo, que estaba en manos de la propaganda nazi. La propuesta resultó sensacional, con un Franco desopilante que sabía muy pocas cosas pero que supo utilizar la escenografía.
La otra parodia tiene contenido social y se basa en la vida del padre Cacho. No apuesta tanto a la risa como la anterior, pero también tiene puntos altísimos en comicidad e interpretaciones brillantes: Cucuzú protagonizando a un borracho, Jorge Medina a Finita y Cacho Denis al padre Cacho.
Además de escribir notablemente, Medina interpreta todos sus personajes con acierto. Denis se adecua más a los personajes de humor, como el que abre la despedida.
En el cierre la coreografía y el baile son casi insuperables.
La ovación final del público indicó que habíamos asistido a un desopilante espectáculo de parodismo, en el mejor año, por lejos, de Jacquet’s. *
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