Descalzos, sentados en ronda, con el viento soplando en la cara, los alumnos se concentraban para comenzar la sesión de hatha yoga. Con el sonido de las olas de fondo, manteniendo los ojos cerrados y cuidando la respiración, se transportaban a un momento único. Un instante en que disfrutan de paz, pero sobre todo fortalecen sus organismos. Quienes participan de la actividad están muy satisfechos con la propuesta de la comuna y desearían que continuara en invierno. “Vengo siempre, no falto nunca y me hace muy bien. Si falto a clase mi cuerpo lo siente”, dijo María. Para Elsa lo más lindo que tiene la actividad es que “las personas, además de hacer ejercicio, se hacen amigas, conocen gente y sienten compañía, sobre todo cuando se tiene a los hijos en el exterior”.
La organización de las actividades implica un costo importante a la IMM, pero los que disfrutan de ellas consideran que vale la pena. “Cuando vemos las cosas de afuera es muy difícil juzgarlas. Si una persona considera que la propuesta de la IMM es un gasto en vano, que venga y mire. Ahí se va a dar cuenta de lo lindo que es esto”, opinó Mary. *
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