La Catalina cautivó a un colmado Teatro de Verano
En los barrios Sur y Palermo se vivió la primera noche de Llamadas, con singular éxito.
Todavía no se Sabe
Antes de levantarse el telón, asistimos a la arenga contundente con la que el director responsable de la murga exhortó a sus muchachos a que se «mataran» durante la actuación.
Apreciamos un buen maquillaje y un vestuario digno.
En la presentación hay una buena puesta en escena. Un personaje con una brújula carnavalera ayuda a encontrar el rumbo a una murga que llega desnorteada desde el carnaval del año pasado. Los porristas salen a escena, pero en lugar de alentar a la murga nos encontramos con fumadores de porro. Se plantea así el debate por la legalización de la marihuana, tratado con sátira.
Llega luego un salpicón con temas de actualidad y un cuplé de ministros nombrando conjuntos de carnaval, bastante irónico, que arranca alguna risa. El tema de los puentes es abordado de forma diferente: alguien quiere ir a Chile (a llevarle un mate al Tato) y no sabe cómo hacer para evitar los puentes. El «Bola» Mérica personifica allí al facilitador gallego, y aparecen en escena el presidente argentino y también el presidente uruguayo, que como está pescando, no se interesa mucho por el asunto.
Da gusto ver dirigir a Julio Julián, pero el coro esta vez no le responde como hubiéramos deseado.
La percusión estuvo bien ejecutada, moviéndose por todo el escenario de la mano del bombista, que es también el director responsable. Para la despedida tocan el tema de la Ley del artista nacional. Hay algunos momentos de destaque, pero son muy pocos.
Antifaces
Con una escenografía sencilla, pero con gran puesta en escena, se presenta este grupo de parodistas diferente al resto de su categoría.
La primera parodia trata de la pasión por la música, y tiene como centro a Los Iracundos. En escena aparece la vida de este conjunto musical sanducero hasta la muerte de su líder, el cantante Eduardo Franco.
La parodia es un repaso de los principales temas musicales del conjunto, muy bien interpretados por Ricardo Gaitán. También se destaca el personaje de la azafata, pero muy poco más. Sobre el final tuvieron un problema con la pista musical, que después fue difícil de subsanar, pero pusieron oficio y rebeldía. La segunda parodia está dedicada a Juan Pablo II, y ya desde el comienzo se advierte que es mucho mejor que la anterior. Tiene algunos muy buenos momentos de humor y una gran interpretación de Pablo Coll recreando al Papa. Coll ya se había destacado en el papel de la azafata, en la primera parodia. Notamos alguna inconsistencia textual, pero nos pareció buena.
El grupo tuvo que seguir peleando toda la actuación con el problema de sonido. Para la despedida se volvió a lucir la voz de Ricardo Gaitán.
El público los despidió con entusiasmo, premiando una actuación accidentada que, de corregirse el problema técnico, puede mejorar mucho.
Agarrate Catalina
Ni bien la murga aparece en escena, comienza el delirio. El maquillaje es excelente, y el vestuario permite que parezca que hay más de 17 personas sobre el escenario, debido a los muñecos que llevan en sus espaldas. Tratan el tema del ser humano, abordado de varias maneras, con muchísimo humor y reflexión. Llegan con fuerza a la gente, a pesar de lo profundo y árido del tema.
Primero aparecen las maestras viejas y gordas, y después se presenta un diálogo entre el diablo interpretado por Rafa Cotelo y Dios. La murga termina demandando a éste último.
Un show aparte es la batería; el bombista Nicolás Arnicho hace malabarismo con su palo y recurre también a instrumentos accesorios.
Con el cuplé de las banderas, también muy reidero, la protagonista es la crítica política, que sin embargo, no está ausente en ningún momento del espectáculo y no es facilista. La Catalina propone, por ejemplo, una dura reflexión sobre la Iglesia como institución.
El punto más alto en lo musical llega antes de la retirada, con una interpretación notable de Nicolás Arnicho, que logra una marcha camión sensacional gracias a un instrumento oriental desconocido para la mayoría. Sorprendió a todo el mundo.
«¿Cuál es el verdadero Dios?», se preguntan al marcharse, cantando bajo la batuta de Martín Duarte, un gran director. «Se desploma el telón», dicen, cuando lo que realmente parece desplomarse es el Teatro de Verano. Un espectáculo redondo, magnífico. No queremos agregar más adjetivos pues nos quedan otras dos veces para verlo. *
Recorridas
En las que solemos hacer por todo el Teatro pudimos escuchar a «Pingüino» González, director responsable de Todavía no se Sabe, decir que llegaba con sólo 5 tablas realizadas, mientras exhortaba a los dueños de escenarios a recordar más a estas murgas. También comentó que seguirá buscando posibilidades, asegurando que este título no desaparecerá del carnaval.
Gran alegría nos dio poder estrechar en un abrazo apretado al querido Pablo Estramín, que había concurrido para ver a La Catalina. ¡Arriba Pablo! Descubrimos un nuevo personaje de este carnaval: la risa de una abonada. Cuando se escucha, en un tono agudo y sostenido, arranca la risa del resto de la platea. *
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