Escrito por: VICTORIA ALFARO

El Negevzoo es uno de los siete zoológicos que existen en Israel. Fue creado en 1979 y consta de 10 hectáreas de superficie y más de 150 especies de animales.
En el Negevzoo se incluye una sección de fauna americana, que ya cuenta con nutrias, ñandúes y maras, un roedor argentino cuya particularidad es saltar al modo de un canguro. Al responsable del zoológico, un uruguayo llamado Jaime Sivan, también le interesa anexar carpinchos, próximamente.
El doctor Sivan es parco a la hora de referirse a su vida pasada, y prefiere concentrarse en el presente: el zoológico Negevzoo, ubicado en Beer Sheva, a sólo 40 kilómetros de Gaza. No elude, sin embargo, ofrecer su opinión sobre la situación política de la conflictiva zona en que vive.
Sivan recuerda que llegó a Israel sin compañía, luego de haber finalizado el liceo en nuestro país, en un ya lejano 1969. En su relato aparecen también fugaces imágenes de la guerra que Israel mantuvo con el Líbano en 1982, de la cual el joven Sivan formó parte, aunque sin convicción. Preferirá, sin embargo, concentrarse en el zoológico que regentea. El Negevzoo es un proyecto a gran escala. Su finalidad es, en parte, colaborar con la educación de los niños y jóvenes de la zona. “Tomamos los programas de estudios de determinados cursos de primaria y secundaria y desarrollamos actividades alternativas de acuerdo a ellos”, cuenta Sivan.
La apuesta educativa del Neguevzoo es “divertida y diferente”, según la opinión de su director. Cualquier tema de los programas de estudio que requiera 20 horas de tratamiento en un libro de texto se convierte en actividades educativas de una duración de no más de ocho horas en las instalaciones del zoológico. Además, en el Negevzoo se atienden niños con discapacidades o dificultades especiales, como los de un hospital psiquiátrico de Beer Sheva. En Israel la educación para niños con desórdenes mentales es obligatoria. Los de Beer Sheva acuden dos veces por semana al Negevzoo. Sivan relata con cariño esta experiencia: “Para ellos visitarnos es un premio, porque de esta manera pueden salir del hospital”.
Otra actividad medular de la organización es el rescate de los animales heridos, que muchas veces permanecen en el zoológico a causa de la gravedad de su cuadro, en su mayoría resultado de accidentes de tránsito. El científico pretende, junto a otros colegas e instituciones estatales de Israel, formar una reserva de unas 150 hectáreas en una zona lindera con el zoológico, que permita revertir esta situación.
El asunto no es sencillo, porque Israel es un país que cuenta con poco espacio y mucha gente: su superficie iguala a la de Tacuarembó, pero su población es 78 veces mayor. La expansión de la industria y la población es constante. Sin contar los habitantes de Gaza y Cisjordania, “cada uno quiere su rincón y los animales se quedan sin espacio”, afirma el científico. Esta es su prioridad.
A partir de la instauración de la reserva, los científicos del proyecto pretenden que puedan comenzar a reproducirse varias especies en peligro. Sivan es consciente de las dificultades de la propuesta, ya que en la mayoría de los casos el hábitat de estos animales se ha destruido, por lo que no existen lugares donde liberarlos.
El clima de Beer Sheva es caluroso y desértico, así que por las noches las temperaturas descienden abruptamente. Sivan cuenta que incluso ha visto nevar en esa zona, aunque en general las precipitaciones llegan, a lo sumo, a los 300 milímetros anuales.
Las intensas actividades de Sivan han permitido que dé clases en las universidades de Ben Gurion (Beer Sheva) y Jerusalén. Su especialidad son los reptiles: ha pasado años estudiando dos especies de serpientes que habitan no muy lejos de la ciudad.
El estudio del uruguayo se ha concentrado en la actitud de estos animales, que a pesar de tener iguales actividades nocturnas, alimentos y costumbres, no compiten entre sí. Posteriormente su investigación se concentró en la faceta reproductiva de los machos de estas víboras. Fue entonces cuando Sivan comenzó a percibir que se estaba acercando “demasiado a la biología y no tanto a la naturaleza, que es lo que más me gusta”. Como prueba de esa afición, el zoólogo cuenta que pasa noches enteras observando los reptiles del desierto, para poder profundizar en sus investigaciones.
La fauna y la flora de esa región es riquísima, y llegó hace miles de años desde el desierto de Sahara, trasladándose poco a poco. “La misma riqueza biológica se encuentra desde Marruecos hasta Egipto y el Sinaí. Su traslado ha sido fabuloso, y se ha llevado a cabo a través de millones de años, sobre la arena viajera”, cuenta entusiasmado el investigador.
La fauna básica del zoológico es la típica de esta zona: lobos, zorros, chacales, hienas, águilas, cuervos y un sinfín de lagartos y lagartijas. Cada especie, a su vez, se ha adaptado a los diferentes tipos de desiertos: arena, piedras o polvo.
Pero en Neguevzoo hay otros animales, producto del intercambio con diversos zoológicos del mundo. Sin ir más lejos, Siván hizo contacto con el de Salto, y ya acordaron comenzar a efectuar trueques beneficiosos para ambos. “Claro que primero tenemos que sortear todas los trámites sanitarios y económicos, que no son pocos”, advierte Sivan.
El científico cuenta que hace muchos años llegó a un acuerdo con un maestro de biología palestino, que vivía en Gaza. Pensaba ayudarlo a montar un zoológico y armar un programa educativo para los niños, pero “con la Intifada se terminó absolutamente todo”, explica con amargura. Sin embargo, Sivan desmiente los cables internacionales: “Con la gente no hay problema, el tema son los políticos”.
Sivan pone un ejemplo concreto para explicar esa aseveración: “Me acuerdo de que teníamos un programa para combatir los mosquitos, que iban de un lado a otro a causa del viento. Lo habíamos elaborado en conjunto con los palestinos y los jordanos, financiados por las Naciones Unidas, pero el plan se acabó, porque ya no tenemos manera de pasar de un lado al otro”.
Para llegar desde Beer Sheva a Jerusalén hay dos caminos: uno pasa por la llamada línea verde -la frontera reconocida por Israel- , de unos 130 kilómetros; el otro atraviesa Hebrón (Cisjordania), a través de 80 kilómetros. Sivan recuerda que cuando iba a estudiar a la capital elegía esta última ruta, de día o de noche. Paraba en los almacenes palestinos para tomar un refresco, o en las estaciones de servicio para cargar nafta. Levantaba a los palestinos que hacían “dedo” en la ruta “y no pasaba nada, no había desconfianza, nadie iba armado”, asegura. Actualmente la situación es por completo diferente: “Sólo pasan los colonos israelíes extremistas y algunos palestinos que no tienen más remedio”.
Sivan está convencido de que la mejor época para los palestinos fue la comprendida entre la Guerra de los seis días (1967) y el comienzo de la Intifada de 1988. “El poder adquisitivo de los palestinos, en esa época, era superior al de cualquier otro país árabe. Entre ellos y los israelíes existía una dependencia de trabajo; por ejemplo, la construcción de viviendas y jardines estaba en manos de los habitantes de Gaza y Cisjordania. Ahora, en cambio, creo que están pasando hambre”, afirma.
Cuando comenzó la Intifada, los palestinos ya no pudieron atravesar la frontera para trabajar en Jerusalén, por problemas de seguridad. Las fábricas quedaron detenidas, pero los israelíes solucionaron pronto el problema, trayendo obreros de Rumania, Tailandia y otros sitios. Otras industrias se trasladaron a Jordania. En consecuencia, los palestinos quedaron sin trabajo. “Eso trae rencor, hostilidades y, finalmente, más odio entre ambas naciones”, sostiene Sivan.
El biólogo uruguayo fue militante de izquierda, “siempre partidario de la fundación de dos estados palestinos, un
o en Gaza y otro en Cisjordania”. El argumento de Sivan para esta división es que se trata de dos pueblos “muy distintos”. “Hasta el comienzo de la Intifada los cisjordanos menospreciaban a los de Gaza. Los primeros estaban más cerca del mundo occidental, de Belén y de Jerusalén, por lo que congregaban más católicos, aunque por supuesto la mayoría de la población es musulmana”. Su separación, desde 1948, había generado profundas diferencias. No obstante Sivan aclara que en la actualidad esto se ha mitigado debido a que tienen “intereses en común”.
El doctor Sivan considera que Israel nunca debió haber entrado en Gaza, aunque también asegura que luego del retiro de Israel las hostilidades han continuado. Sivan se cuestiona por qué los palestinos no han cesado en su dura actitud, y concluye que hay “algo más”. Ese algo más es, en su opinión, el radicalismo musulmán, “que quiere borrar a Israel del mapa. Salir de Gaza era importante por nuestro propio interés, para vivir tranquilos, porque ya no estamos dominando, gracias a Dios”, dice convencido.
El científico también rememora “una guerra con muchos muertos, la que Israel mantuvo con el Líbano en 1982″. Ese año Sivan formó parte de las reservas del ejército israelí en el país limítrofe. El uruguayo también tiene una opinión al respecto: “Yo pensaba que no deberíamos haberlo hecho, pero fuimos recibidos por lluvias de arroz y caramelos; no es cuento, yo lo vi. Los libaneses estaban felices de que los liberaran del Al fatah palestino. Pero Israel no se movió por mucho tiempo, para no permitir que los palestinos volvieran, y eso fue un error terrible”.
Para el doctor Jaime Sivan hay algo claro: los fundamentalistas quieren hacer desaparecer a Israel como estado, y no precisamente a causa de sus conquistas no legales. La causa es simplemente la intolerancia: “Estamos hablando de fundamentalistas: los hay judíos, musulmanes y cristianos. Ellos no aceptan que el otro sea diferente. Así no vamos a ningún lado”, se lamenta.
Sivan también tiene ideas claras con respecto a lo que ocurre en el resto de Medio Oriente. Con respecto a Irán carga las tintas: “No sé qué pretende. Es un país musulmán que quiere liberar a Palestina, del mismo modo que ocurriría si Uruguay quisiera liberar a Bolivia o Perú. Ayudan a cualquiera para exterminar a Israel. Y que no me vengan a decir que es porque son hermanos, porque nadie se mata por la hermandad”, se molesta el científico. Sin embargo, Sivan considera el de Irak “un tema diferente”, de enorme gravedad.
El profesor es pesimista con respecto a lo que ocurre en aquella región del mundo. Confiesa que hace años no lo era, pero ahora no ve salidas claras. “Todo esto va a explotar, y muy fuerte. Lo que estamos viviendo ahora no va a ser nada comparado con lo que se nos viene encima”, sentencia. En Beer Sheva, su hogar, Sivan lo vive en carne propia: “En un pueblo a menos de 10 kilómetros de Gaza llueven tres misiles por día. En Uruguay no se sabe nada, ni se ve por la tele, porque no hay muertos”, relata.
“Vos estás muy tranquilo, charlando como ahora, y de golpe suena la alarma. Tenés 25 segundos para bajar a los refugios, a cualquier hora, todos los santos días. Allí los niños no pueden ni ir a la escuela, pero ¿cuánto tiempo puede vivir una población recibiendo misiles en la cabeza?”, se pregunta Sivan, sin encontrar la respuesta.
Un problema que agrava el dilema de la región es, según el uruguayo, la falta de un interlocutor válido en cada una de las partes, para poder dialogar. “El presidente actual de Palestina (Mahmud Abás), con quien se puede charlar, no tiene poder. El gobierno lo detenta Hamas, y se pasan matando entre ellos. Pasa lo mismo que en el Líbano, donde el gobierno tiene menos poder que Hezbolá”.
Los proyectos para el Neguevzoo son prometedores, pero el futuro político de la región donde está ubicado es, en palabras de su director, “totalmente incierto”.
“Estoy decepcionado”, concluye el doctor Jaime Sivan, entre las luces y las sombras de una carrera brillante y una guerra que parece no tener fin. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21



