Escrito por: ANTONIO PIPPO
Descubrí una paradoja y unas contradicciones.
La primera es clara. La facilitación de Yáñez ha sido casi una ilusión pero sigue siendo imprescindible: ¿Qué otra cosa tiene la diplomacia a mano?
Además, según los recientes hechos, la Cancillería española quiere salvar la imagen real. Se movió sorpresiva y enérgicamente y habrá diálogo en Madrid aunque nada haya cambiado.
La verdad es que Yáñez facilitó la solución del conflicto menos de lo que Paco Casal le ha facilitado la vida a Damiani. Pero los españoles saben cómo rodear a su monarca, comprometido en la gestión, y lograron que las partes se sienten a conversar, que no a negociar, permitiendo el brote de una especie de lívido optimismo.
Me da que pensar. ¿Qué tuerca habrá apretado Moratinos no Yáñez, que fue y vino entre Montevideo y Buenos Aires en setenta y dos horas tanto como el 121 cada día a Pocitos, quedando menos satisfecho que beduino en un iglú para una aceptación tan rápida de su convite? ¿Kirchner y Vázquez lo hicieron sólo por su amigo Juan Carlos? Tengo dudas razonables.
De todos modos, es una apuesta audaz. Porque si el lenguaje hablado no ha dado resultados, ¿de pronto hará el milagro? Yo había dejado de creer en él precisamente por las contradicciones que descubrí entre grandes pensadores que quisieron definirlo: para Russell “tiene la finalidad de expresar emociones y de influir en los otros”, pero Kierkegaard dice que “sólo sirve para convencer a la gente de abstenerse de la acción” y Goethe confiesa que “en él hay algo mediocre y afectado”.
¡A la perinola! Por eso había imaginado una simplificación a través del lenguaje gestual. Al desistir de las palabras e ir al ademán todo se me aclaraba: una patada en el culo de cada piquetero de Gualeguaychú. Pero, bueno, hay que salvar al rey. Y, quién sabe, haciéndolo tal vez se halle también el camino hacia la definitiva conciliación. Qué sé yo.
Aguantemos unos días más el movimiento de la pierna. *
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