Escrito por: GENOVEVA MALCUORI

C erro Largo Ecológico es un proyecto que intenta expandirse. Su creador es José Ramírez, un panadero que sueña con poder contar con materiales que para la mayoría de las empresas no son más que desechos. La basura es su material predilecto y también su fuente de trabajo. “Sólo en Cerro Largo se tiran 16 mil botellas plásticas por día, y somos apenas 55 mil habitantes”, dice José. Los uruguayos tenemos hábitos arraigados, como tomar agua y posteriormente tirar el envase.
A la cantidad de desperdicios generados diariamente a lo largo y ancho del país a causa de estas costumbres, se suma la falta de plantas recicladoras en muchos rincones del Interior. El inconveniente no ha detenido a los vecinos que promueven el reciclado en los hogares como forma de solucionar las carencias.
Hacer del reciclado una fuente de trabajo es una aspiración de José, y la ha fomentado desde hace tiempo a través del trabajo voluntario en las escuelas de Cerro Largo. Cada año trabaja con los escolares de sexto año, a quienes les enseña a construir objetos útiles a partir de la basura. En base a materiales que la gente desecha cartones, latas de aluminio, papeles, nailon, etcétera y de acuerdo a las inquietudes de cada institución, José enseña y fomenta el trabajo. Como ejemplo cuenta que el año pasado construyó, junto a los chicos de una escuela, diversos objetos que hacían falta en la institución. “Los chicos tenían un patio grande, pero no había sillas para sentarse, por eso les enseñé a hacer sillas con botellas descartables y nailon”, dice orgulloso.
José también tuvo la ocasión de trabajar en La Paloma con hurgadores rochenses. En la mayoría de los casos estas actividades las ejerce en forma honoraria. La causa es para el panadero “la falta de hábito que existe en nuestro país, que recién ahora se está despertando”.
“Si tenemos un mal y hay que vivir con él entonces utilicémoslo inteligentemente para hacer cosas que nos ayuden a vivir mejor”. Esta es la filosofía que mueve a José. A partir de una necesidad concreta (¿Qué hacemos con la basura?) y a través del trabajo cooperativo con niños y adultos de Melo, se han construido camas, sillones, asientos, cunas para regalar al hospital de la ciudad e invernaderos. Recientemente se inició la construcción de una vivienda a partir de materiales reciclados. “Con 300 botellas es posible hacer una vivienda de 50 metros cuadrados, con un encofrado de madera barata de eucalipto. Si tenemos 16 mil botellas desechadas, podemos brindar una solución a cuatro o cinco familias por día”, comenta entusiasta José. Sin embargo, también aclara que para poder culminar junto al grupo de vecinos esta casa ecológica es necesaria la colaboración de alguna empresa privada, que aún no ha aparecido. Por esa razón la casa “todavía está por la mitad”.
La labor de reciclado comienza en la panadería de José, donde clasifica los residuos que sobran. Ahí, tanto los materiales orgánicos como los inorgánicos se transforman en algo nuevo. A modo de ejemplo, los restos de alimentos, principalmente frutas y verduras, los utiliza como abono para la lombricultura, una técnica que aplica para recuperar la tierra y volverla más productiva. A su vez trabaja junto a una sola empresa, con la cual acordó que los residuos como el plástico, el cartón y el papel, entre otros, queden a disposición de los escolares para ser reciclados.
A José Ramírez le gustaría que más empresas aportaran sus residuos en vez de deshacerse de ellos en un basural. También sugiere que las clases de reciclado sean una asignatura más en las escuelas del Estado y no se reduzcan la iniciativa de un solo vecino. *
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