Perky y "El Goyo"
Entre tantas cosas extrañas que nos rodean hay, desde ahora, una más.
Parece que no bastaban un borracho tonto presidiendo el país más poderoso de la tierra, Di Caprio candidato al Oscar como mejor actor, Delorte jugando en Italia y Vázquez Melo y Torraca acertando un pronóstico.
Apareció la pata Perky, oriunda de Florida, Estados Unidos. Seguramente contra su voluntad, fue protagonista de una historia insólita. Tiroteada por unos cazadores, sobrevivió dos días en un refrigerador. En vez de hacerla al espiedo la llevaron a un hospital de animales de puro sorprendidos, no de compasión- donde los veterinarios la declararon muerta. Pero al rato Perky saltó de la camilla, adonde había quedado bajo una pudorosa sábana, y salió anadeando como si tal cosa. Los norteamericanos, afectos a las desproporciones, le dicen «la pata indestructible»; la han convertido en un personaje y seguramente Spielberg hará una película sobre ella.
Conclusión: a Perky no la cocinarán en ningún horno y morirá de vieja, en alguna acogedora granja marina de Fort Lauderdale.
A la tercera vez que hube leído la conmovedora noticia, y persuadido de su verosimilitud, me dio por pensar en «El Goyo». (Lector, usted tiene derecho a creer que estoy loco; sépalo, no es una hipótesis desechable). Ocurre que, si hablamos de cosas extrañas, tengo para mí que este adjetivo cabe a la impunidad que aún cobija a ese tosco individuo, a quien debería culparse de violación especialmente agravada de la Constitución, perpetrada en reiteración real, ese mismo que dijo que caería de espaldas pero nunca de rodillas.
¿Acaso «El Goyo» es la emulación humana bueno, perdón por la exageración de la pata Perky? ¿Sobrevivirá a tiroteos, dicho figurativamente, y al congelador? ¿Será declarado muerto y resucitará al tercer día? ¿Concluirá su tenebrosa peripecia vital bajo una cálida morita, en un cómodo sillón? No sería extraño, sino demencial.
¡Que alguien diga, ya, que no pasará! *
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