Aquellos tablados
Llegó el dios de la morisqueta, sátira y carcajada. Gordito y petizón, a puro salto y pirueta, está Momo entre nosotros. Como lo viene haciendo desde hace muchas décadas atrás. Tiempos en que Montevideo se llenaba de tablados barriales para recibir a ese dios saltarín y sus comparsas. En los barrios populares los vecinos trabajaban sin tregua para tener un lindo tablado. Sitio de convocatoria al humor y arte popular que contribuía a afianzar los lazos de fraternidad entre los vecinos de la cuadra. Las señoras con sus hijas eran las encargadas de pasar puerta a puerta la clásica lata de aceite que se llenaba de vintenes. Los caballeros y sus hijos mayorcitos encaraban a los comerciantes del barrio. Gallegos almaceneros, sastres judíos, chinos tintoreros e italianos verduleros colaboraban para un hermoso escenario. Con esos pesos se compraba lo imprescindible. Bombitas de colores, metros de cables, pintura y pinceles. También muchas cañitas voladoras que eran lanzadas para avisar que llegaba un conjunto al barrio. Otros voluntariosos vecinos visitaban las barracas y pedían tanques vacíos que se sumaban a los de queroseno, también tablones y hojalata. Así nacía en la esquina un reducto más para agasajar al juguetón Momo. Si la colecta de fondos había sido muy buena, entonces, se decidía levantar un «tablado alegórico». Ese tipo de escenarios competían con otros similares buscando ganar el premio del Municipio. Los tablones se poblaban de muñecos que representaban temas de actualidad. Contrataban un decorador o un «carnavalesco» que armaba la escenografía. La memoria de este viejo escribidor sólo recoge algunos nombres. Allá por Agraciada y Asencio, se levantaba el hermoso tablado alegórico «El Tren de la Barra», donde se representaba al tradicional tranvía con sus ventanillas con muñecos que oficiaban de pasajeros. Por Uruguayana y Capurro, apareció un tablado homenajeando a los flamantes campeones de 1930. Era un Nazzasi gigantesco con la camiseta celeste y al fondo el escudo de Bella Vista. En la Unión, 8 de Octubre y Joanicó, se levantó «El Payaso». Por la misma avenida casi Pan de Azúcar, estaba el mitológico «El Paraíso», donde en una noche cantaron juntos Gardel y Néstor Feria. Por Maroñas, en Cuchilla Grande y Belloni, hizo capote el tablado llamado «Esto sí negra, es Carnaval» en el que una vez los Asaltantes tuvieron que hacer casi 10 bises de su famosa retirada. Por Piccioli y Linares, estuvo un escenario dedicado al jockey Irineo Leguizamo. En el querido Belvedere, sobre Agraciada creció la leyenda del «Negro y Azul», donde eran locatarios los primeros canillitas de Araca la Cana. Por Bvar. Artigas fue una postal del carnaval de antaño «A los limones» dedicado a los vendedores ambulantes. Por Piedra Alta y Cerro Largo, los vecinos de inquilinatos y conventillos aplaudían a sus conjuntos en «El Cordón». Sobre Avda. Italia y Comercio, fue tradicional el «Tres esquinas», donde la troupe La Moderna tenía su mayor hinchada. Llegó el Carnaval y será por eso que volvemos a escuchar a Carlitos Roldán cantando «Murga de Pibes» allá en Justicia y La Paz, donde se levantaba el tablado «La Placita». Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE
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