ENTREVISTA A LINDOLFO SOSA, CARPERO DE PUNTA DEL ESTE

Vivir de la arena

Su cuerpo de pura fibra muestra el trabajo de toda una vida bajo el sol, en la arena y la sal del océano. Tiene el color de piel que provocan el clima brillante, el olor a algas y mejillones, las tormentas y la calma del después. Lindolfo Sosa ­conocido como «Chino»­, ya es parte de la playa Brava. Está allí, en la parada 3, con bermudas azules, torso desnudo y gorrito blanco. Hace 28 años que se ocupa del servicio de estas playas, atendiendo carpas, mesas y sombrillas para asegurar la comodidad del turista.

Lindolfo Sosa, de 52 años, nació en el departamento de Colonia, en la localidad de Ombúes de Lavalle, y desde hace treinta años reside en Maldonado. Habla con la serenidad de una persona madura que la vida ha tallado de cicatrices. «Estoy casado con Giselle Hernández y tengo cuatro hijos: Christian, Walter Hugo, Adriana y Daniel, que aunque falleció igual está conmigo», cuenta Lindolfo.

Cuando se lo ve caminar sobre la arena fina, descalzo y entero, parece que los años no lo afectan como al resto de los hombres y mujeres que transitan por allí.

La labor del «Chino» comienza diariamente a las ocho de la mañana, y se extiende durante doce largas horas bajo el sol. «Por más que trabaje con sombrillas, el sol me quema igual», sonríe.

Lindolfo explica que todos los días comienza armando el sistema de carpas, sombrillas y mesas, para más tarde permanecer pendiente de lo que el turista necesita. El carpero se encarga de reparar las roturas producidas en las carpas así cualquier otro desperfecto que puedan tener. En su trabajo cotidiano Lindolfo no está solo: lo acompaña su hijo Christian.

Las carpas que se ofrecen a los turistas son de lona gruesa blanca, sostenidas con rolos de madera. Los clientes las alquilan por días o temporadas y disfrutan así de una sombra asegurada. En la zona de la playa en que trabajan se ubican también unas 150 sillas, con sus respectivas mesas y sombrillas, «que están casi siempre ocupadas durante el transcurso del día, si el tiempo te acompaña», cuenta Lindolfo.

La mayoría de los veraneantes no repara en la existencia de trabajadores tales como un carpero o un cuidacoches. En muchas ocasiones, incluso, su presencia irrita. Lo necesarias que resultan estas labores pasa desapercibido; la mayoría de las personas cataloga este trabajo como de segunda. Sin embargo, en las bajadas a las playas puntaesteñas los cuidacoches aseguran que ganan, en un día favorable, entre 2 mil y 5 mil pesos de propinas. No cualquiera puede ser cuidacoches. Son expertos en esta labor. Cada quien tiene su territorio desde hace años, e inclusive las zonas se heredan generación tras generación.

 

El carpero de Graciela Alfano

Con mucha propiedad, Lindolfo asevera: «Aquí los clientes son casi los mismos de siempre. Vienen desde hace años y hasta preguntan dónde me encuentro y me siguen».

Muchos turistas lo buscan, a lo largo de toda la temporada, para poder sentirse cómodos en la playa. «Me atrevo a decir que hay gente que pregunta dónde está el Chino antes de bajar. Incluso antes lo hacían los famosos». Lindolfo cuenta con orgullo que mantenía una gran relación con Graciela Alfano y el que fue su esposo, Capozzolo. «Fueron grandes clientes, por llamarlos así, y personas muy gratas y sencillas. Eran mis clientes preferidos, sin despreciar a otros famosos. Cuando trabajaba para ellos no me sentía su sirviente, por más que lo era. Me trataban como un amigo», confiesa.

 

Fuertes vientos

Por estar sobre el océano Atlántico, la playa Brava es azotada por fuertes vientos en forma casi permanente y ha sido escenario de grandes tormentas. El veterano carpero recuerda: «Vientos hubo y hay muchos, pero de uno no me voy a olvidar. Fue un viento huracanado, que no nos dio tiempo a levantar nada. No podíamos ni movernos, porque las sombrillas podían lastimarnos. El destrozo fue grandioso y pasaron varios días hasta que se pudo reparar todo. Fue algo que ninguno de los que estuvimos en la playa pudo olvidar jamás», relata conmovido. «Por suerte la gente me comprendió cuando vio todo roto: los daños no los había causado yo, sino el viento. Contra la naturaleza no podés», sentencia.

Lindolfo considera que la mayoría de las personas valora su trabajo, en el que lo más importante es «solucionar todo lo que necesitan».

 

Bendito día lindo

Las reglas de su trabajo las pone la naturaleza. Y es que según amanezca, Lindolfo Sosa podrá ganar una buena cifra en la playa o no. «Por eso, los obreros de la intemperie pedimos a Dios que el día esté lindo», dice.

«El tiempo es la razón de lo que sucede en nuestro trabajo. Si llueve sabemos que no vamos a trabajar ni a recaudar. Además la Brava es la Brava: las lluvias y los fuertes vientos complican más que en otros lugares», señala Lindolfo, aunque admite que las grandes olas de esa playa atraen a un público numeroso. «Las olas siempre estarán, ellas no nos dejan de a pie», ríe el carpero.

En los días de sol de la temporada alta, la entrada de público a la playa es realmente importante. Se calcula que diariamente entre mil y tres mil personas llegan a esta parada. «Pero igual estamos por debajo del año pasado, y más aun si comparamos con años anteriores», asegura.

Por otra parte, este año los carperos, cuidacoches, mozos, empleados zafrales y obreros de la construcción tienen otro temido enemigo: los piqueteros de los puentes del río Uruguay.

El «Chino» asegura que los cortes de ruta han perjudicado sus ingresos, como los de mucha gente de la zona. «Se nota hasta en las propinas», afirma.

«Antes se podía trabajar sólo de las propinas y hoy ya no. De un tiempo a esta parte todo ha cambiado y no ha sido para bien. Hace un tiempo cualquiera te daba propina, porque se daban cuenta de que nuestro negocio era ése, ya que el sueldo no es muy alto. Ahora ya no: Te mantenés en un noventa por ciento con tu sueldo», explica, confirmando que, años atrás, las propinas triplicaban los salarios en pocos días.

«Los cortes de ruta nos afectan mucho más a nosotros, que dependemos del turista, que a los grandes empresarios. Ellos igual van a obtener ganancias, y nosotros no», se queja, mientras asegura que el 30% de las personas que alquilaban en temporadas pasadas ya no está. «Nosotros sí que dependemos del turismo para vivir cada año», se despide. *

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