"ME LLAMO LISSIE. AHORA ESTOY ACA. VIVO DE ESTO"

Retrato de una retratista

"Me llamo Lissie Puerto. Tengo 34 años. Soy de Montevideo y vivo en la capital. Estoy acá, en Punta del Este, desde hace cuatro años. Hago retratos. Dibujé en Brasil, en Buzios, Portoseguro, Canasvieiras... Pero ahora estoy acá y vivo de esto. Trabajo durante la temporada. No me dedico a nada más, la verdad. Bueno, esto da para después ir llevándola durante el invierno". Así brinda su autorretrato la muchacha sentada en su puesto de la Plaza de los Artesanos, en Punta del Este. Desde sus dibujos observa a la gente y durante los eneros y febreros, les vende a los turistas que lo deseen, sus caras dibujadas.

Escrito por: M.R. - PUNTA DEL ESTE

Martes 16 de enero de 2007 | 2:07
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“Estudié en Bellas Artes, sí. Pero retratos los he hecho más por mi cuenta… En Bellas Artes, el dibujo es más técnico, digamos más académico”.

Ella se define como la oveja negra de la familia. De ella no heredó la magia de los trazos exactos ­revela­ ni la tradición de la pintura del retrato. El retrato es el arte de la exactitud. El dibujante de retratos es una persona que puede capturar en esas líneas el alma que contiene un gesto. El alma suspendida en un instante vivo.

 

Lo que natura no da…

Lissie puede vivir de lo que ama. De lo que necesita hacer. De lo que le nace de las entrañas. Entonces pinta. Y así vive.

“Soy la oveja negra de la familia; entre nosotros no hay nadie más dedicado al arte. Empecé desde chica. Era como una obsesión, dibujaba historietas, esas cosas…”. Su voz suena suave, segura.

­Qué te pide la gente?

­¿Qué tipo de gente? Es distinta la gente que se hace retrato, a la que se hace caricaturas, por lo general es otro público… La caricatura la elige en mayor parte la gente menor; el retrato ya es elegido por quien quiere un recuerdo de algún familiar o de sí mismo.

De la Plaza, ella es este año la única que despliega este estilo. Junto a ella están sus compañeros artistas de la caricatura y ocupando el resto de la cuadra, los pintores del óleo y escultores.

 

Si querés sos pirata o marinero, o tú mismo

La decisión o el atrevimiento con uno mismo de posar y retratarse y encuadrarse, y luego colgarse de su propio estar, de repente no es fácil. Lissie, que lo hace posible, lo compara para explicar: “El retrato es más serio, en la caricatura se elige la situación en la que querés que se te dibuje, si querés ser pirata o marinero se te hace tu cara y el resto con el tema elegido… La caricatura es como un juego, por eso también se vende más barata. Pero el retrato es preferido para estar encuadrado o enmarcado. Yo hoy lo cobro a quinientos pesos”. Y aunque en ocasiones le solicitan retratos familiares, ella prefiere el individual. “Pinto otras cosas también, al óleo, pero muy figurativo todo”.

En la Feria de los Artesanos de Punta del Este ella puede llegar a pintar en una noche diez retratos. “Pero casi nunca se da. Físicamente es lo que puedo aguantar, ya que demoro una media hora con cada uno y cansa bastante… sí… cansa bastante, ya que tenés que fijar mucho la vista, tenés que ser muy detallista, la persona por lo general no se te queda muy quieta, entonces tá, es un trabajo bastante estresante porque la gente por decirlo así… exige mucho. Vos le cobrás y por ese precio la gente tiene el derecho a que el trabajo lo valga. Ahí se nota más la diferencia con la caricatura”, opina.

Ha observado que según su procedencia, los clientes prefieren que el dibujo de sus caras respete tales o cuáles características. En general, los europeos valoran más el trabajo del artista y no le piden que el resultado sea casi una fotografía. En cambio, argentinos y uruguayos quieren que la obra parezca una foto en blanco y negro. “Los europeos quieren más el trazo lima libre”.

 

El retrato más difícil, el de Van Gogh a su oreja

Sobre sus experiencias nacionales e incursiones internacionales, cuenta: “Solamente en Montevideo he hecho muestras al óleo, he expuesto pocas veces en galerías, no me promociono. Afuera, he viajado hasta Bolivia y Perú. Me encanta el personaje de ‘La Chola’… es otro estilo mucho más libre, más disfrutable; trabajar acá a la intemperie no da… Me gustaría trabajar con cada persona durante horas, o algunas horas durante tres días, trabajarlo con mucha tranquilidad… no hacer esto de dibujar en media hora, apurada”.

“Me gustaría trabajar con el ritmo de antes, ir a un estudio”. Eso sería trabajar adecuadamente, reflexiona. Entonces aparece la pregunta para una retratista:

­¿Has hecho un retrato tuyo?

­Lo he intentado y no puedo. Me cuesta mucho, porque para hacerte un retrato tenés que gustarte mucho, sentirte muy cómodo con tu imagen… creo que lo mismo pasa con la caricatura, es algo muy personal, ¿no? A mí me ha costado mucho poder hacerme un retrato.

­¿Te gusta Van Gogh?

­Sí me gusta, pero soy más renacentista. El pintor que me fascina es Degas. Y Leonardo. También me fascina Tisciano. Más renacentistas. Los contemporáneos me cuestan un poco más, pero me gustan. Hay mucha obra de arte que no es tan famosa y me gustaría ver, por ejemplo a Adán y Eva de Durero. Y yo pienso que a veces se preocupan por ver a una Monna Lisa y no ven las obras que tiene a su costado. Yo puedo estar dos o tres horas frente a un cuadro viendo sus matices y hay gente que solamente pasó por allí, fue hasta el Louvre para ver la Monna Lisa. Pero yo pienso: este cuadro algún misterio tiene… Leonardo era muy pícaro me parece, pintaba cosas para llamar la atención”.

Saltando el tiempo hacia atrás, buscando en su camino la referencia de un buen retratista y uruguayo, menciona a Daniel Cardozo. “Antes también trabajaba acá en la Plaza; es muy bueno. En Montevideo se tendrían que crear un poco más de espacios para poder tener lugar dónde trabajar. Porque el uruguayo no es de hacerse su retrato, cuesta mucho encontrar solicitudes, cosa contraria a la persona argentina, o a otro extranjero”.

Para sus cuadros, esta artista utiliza papel de dibujo y grafito o carbonilla. Ambiciona ser “crack en el retrato”, pero cree que eso “lleva su tiempo”. Para lograrlo aprovecha la temporada. Entonces junta “la platita y con eso vivo el resto del año, con lo que no se vive muy bien y menos en Montevideo… pero se vive. Hoy estoy haciendo una tesis para Bellas Artes. A veces, pocas veces, te sale algún retratito allá. Quisiera tener un taller, pero en este país, no veo que eso tenga futuro”.

 

Los ojos en que te miras son ojos porque te ven

“Tu imagen es la de los ojos vistos por una artista; se supone que no es una foto en blanco y negro aunque mucha gente crea que es eso. Por el contrario es la visión del artista que ve a la persona que tiene por delante y así con lo que ve, dibuja esa imagen”.

La muchacha sabe varios lenguajes del arte. Hablando, por ejemplo, sí consigue retratarse ella misma y en sus preguntas se reconocen las que cada uno se hace. “¿Usted se dejaría retratar? El arte en general es difícil de vivir. Poca gente vive del arte. Cuesta mucho hacer que te valoren acá; tenés que irte o decir que trabajaste en otro lado para que realmente te llamen para hacerse un retrato…

Cuando hago un retrato miro sus ojos porque creo que lo más importante es la expresión de los ojos, si captás la mirada captás el alma, pero si lográs que la mirada sea la de la persona, estás captando la persona. En los ojos ves si la persona es feliz, o no; en el brillo de los ojos te das cuenta. Hay un norteamericano, que viene todos los años y le hago su retrato, que por lo que me ha contado, se los manda a sus hijas; es una persona de unos 70 años, de párpados medio caídos, pero igual por sus ojos te das cuentas que esta persona es feliz, se ve que tuvo su buena vida, tiene una mirada tan alegre… Y sin embargo ves gente de poca edad, con sus ojos tristes. Yo en mi trabajo siento que cuando dibujo es una inspiración, sucede algo que solo yo puedo entender… Será la forma, será el placer de retratar”. *

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