El tren puede ser algo más que un símbolo
Los que conocimos el viejo ferrocarril esperábamos oír nuevamente la «campana de largada, el silbato del guarda que agita la bandera, respondido por el de la locomotora y el vibrar de las vías que reviven. La memoria nostalgiosa nos transportaba a épocas perdidas.
Ayer a las seis de la mañana un puñado de viajeros, muy poquitos, abordó el tren. La vieja máquina Nº 825 llegó con tres vagones viejos pero bastante bien recuperados a las 5:53, hizo las maniobras correspondientes para invertir su rumbo y partió hacia Montevideo a las 6:05.
Ninguna autoridad estaba presente. Quizá no fue tan significativo como yo creía.
Héctor Rodríguez, encargado de la estación, explica: «El personal de conducción, está compuesto por el conductor y un ayudante y al guarda le corresponde lo atinente a los pasajeros. El conductor fue Gramil Moreira, como ayudante iba Hugo Gutiérrez y de guarda Jorge Vique».
«Yo estoy transitoriamente, a partir de la semana que viene, el compañero Duncar Guelvenzu, que estaba desempeñándose en la boletería de la estación Central de Montevideo, va a venir a estar a cargo de la estación acá».
Estaba contento. «Es una experiencia. El tiempo dirá si resulta o no, si se presta el servicio que realmente se requiere».
¿Cómo se siente alguien de San José, que trabajó 42 años en AFE cuando el tren vuelve a correr después de 18 años? Para Rodríguez «es un poco revivir aquello que fue tan lindo, ver todo el deambular de la gente, los pueblos que vivían al costado de las estaciones, donde el tren era algo importante, no sólo como transporte sino como distracción, todo eso tan lindo que fue otrora».
Pero hay que pensar qué futuro tiene el tren. Considero que «eso escapa a mi conocimiento».
El tren partirá desde San José a la hora 6 y llegará a la capital a las 8 y 25. Vuelve de Montevideo a las 18.35 horas, para llegar a las 20.55. También se mantendrá la línea de los sábados, con una llegada a San José sobre las once de la mañana.
A lo largo del recorrido son varias las estaciones que pueden tener una alternativa de volver a vivir, o pensar en un futuro distinto en base a la recuperación de este medio de transporte.
Para algunas actividades vinculadas al turismo local es también una herramienta.
El futuro dirá cómo impacta en Raigón, Rodríguez, Ituzaingó, Capurro, 25 de Agosto, Santa Lucía…
¿Volverá a sonar en los vagones el tic tic de la pinza con la que el guarda marcaba los boletos de cartón? ¿Volverán las mesas de truco que amenizaban el viaje, el mate y la charla?
«¡Canelones la próoooxima, boletos pases y abonos! ¡Canelones la próxima! Me parece recordar la voz del guarda recorriendo el pasillo de vagones atiborrados de gente.
Eso no volverá a ser como antes. La boletera del guarda es como la que se usa en los omnibuses, las estaciones tendrán otro funcionamiento, el transporte será fundamentalmente de carga y para cargas grandes. Para que pueda usarse en forma eficiente en el transporte de pasajeros necesita otras vías, otras máquinas, otros salones. Más velocidad, más comodidad y un flujo de pasajeros que sólo existe en el área metropolitana. El futuro dirá dice Héctor Rodríguez y tiene razón.
El último tren que llegó a Estación Central antes del cierre fue un 2 de enero de 1988. La «modernización neoliberal» comenzó antes, pero esa fecha es parte de la historia.
El 15 de enero de 2007 quizá pase también a ser parte de la historia ¿quién lo sabe? *
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