Ronda Doha

A la espera del gran acuerdo

Existe la impresión de que el sistema multilateral de comercio se ha desarrollado de un modo desventajoso para los países en desarrollo. Esta tendencia podría no ser sostenible a la larga, y por lo tanto es necesario corregirla si queremos que el sistema comercial multilateral prospere. Este es el propósito de la actual ronda mundial de negociaciones comerciales que la Organización Mundial del Comercio (OMC) lanzó en 2001 y que lleva el nombre de Agenda de Desarrollo de Doha (ADD).

El valor básico que apuntala a la OMC es que la apertura comercial es beneficiosa. El sistema comercial multilateral ayuda a incrementar la eficiencia económica y a reducir la corrupción y el mal gobierno. El comercio ha jugado un papel cada vez mayor en la economía mundial durante las décadas pasadas, como lo ilustra el hecho de que el crecimiento del comercio real supera al de la producción mundial. La proporción de las exportaciones mundiales de bienes y servicios con respecto al PBI aumentó de 13,5% en 1970 a 32% en 2005.

Pero el desafío de la globalización que enfrentan los países en desarrollo hace necesario un incremento de la acción internacional. Un aspecto fundamental de la Ronda Doha es que procura corregir a favor de los países en desarrollo los desequilibrios remanentes en las presentes normas comerciales a fin de proporcionar a todos los miembros de la OMC, y en particular a los países en desarrollo, auténticas oportunidades de mercado.

Una serie de normas de la OMC perpetúa algunos aspectos negativos para los países en desarrollo. Este es el caso del sector agrícola, que actualmente es la clave para desbloquear al resto de la ADD.

¿Cómo puede la agricultura, que representa menos del 8% del comercio mundial, tener fuera de pista a toda la agenda de la Ronda Doha? Es que la producción de alimentos sigue siendo un sector muy sensible tanto para los países ricos como para los pobres. Y dado que la actual ronda de negociaciones se refiere al desarrollo y que más del 70% de los pobres del mundo vive en áreas rurales, no hay modo de que la ADD pueda continuar si no se aborda adecuadamente la cuestión de las actuales tendencias favorables a los países ricos.

Por esta razón en el mandato Doha, todos los miembros de la OMC acordaron en 2001 que el objetivo a largo plazo es el de establecer un sistema comercial justo a través de un programa de reformas fundamentales que incluyan reglas y compromisos específicos de sostén y protección para corregir las distorsiones en los mercados agrícolas mundiales.

Similar predisposición existe con respecto a los picos arancelarios y altas tarifas que aún siguen siendo aplicados por los losel sectores de los textiles y la vestimenta, en los que un amplio número de países en desarrollo tiene ventajas comparativas. Las nuevas normas sobre acceso al mercado para productos no agrícolas (Nama) abordarían esos picos tarifarios a fin de beneficiar las exportaciones de los países en desarrollo.

Es crucial para todos los países completar la Ronda Doha, ya que ella constituye una herramienta fundamental para controlar y aprovechar la globalización y asegurar nuestro desarrollo sostenible. Por cierto que concluir la ronda es comprensiblemente difícil, ya que constituye, debido a su alcance y al número de países que están negociando, el más ambicioso intento que han hecho los gobiernos para abrir multilateralmente el comercio, incluyendo el agrícola. La ronda previa, la llamada Ronda Uruguay, escribió en 1994 el moderno libro de normas del sistema comercial mundial y la Ronda Doha lo está usando, una decena de años después, para abrir el comercio y reformarlo en una escala sin precedentes.

Esta ronda ofrece los mayores recortes jamás hechos en aranceles industriales, que están incluidos en gran parte de las exportaciones de los países desarrollados, a través de una fuerte reducción de las tarifas y demás profundas reducciones en sectores selectos. Asimismo, contiene la promesa de procedimientos antidumping reformados para mejorar la transparencia y la previsibilidad. También, por primera vez, enfrenta el tema los subsidios a la pesca que incrementan las capacidades de esta actividad y contribuyen al agotamiento de los recursos naturales de nuestros océanos. Por otro lado, va más profundamente en la apertura de servicios tales como los financieros, las telecomunicaciones, los ambientales y una amplia serie de servicios comerciales.

Muchas propuestas han sido presentadas ya en las negociaciones de la Ronda Doha, pero claramente lo que está actualmente sobre la mesa no es suficiente para llevarnos al éxito. Todas las partes deben hacer una contribución mayor, empezando por la cuestión agrícola. Estados Unidos debe aceptar recortes en sus subsidios más allá de su actual oferta. La Unión Europea y el G-10 tienen que acordar mayores reducciones en los aranceles agrícolas que las contenidas en su actual posición. India y los países del G-33 también tienen que mostrar flexibilidad. Si queremos alcanzar un resultado, todos los miembros deben mostrar flexibilidad. A nadie se le pide que suscriba compromisos desproporcionados y ciertamente las flexibilidades existen para atender situaciones específicas. Con un esfuerzo adicional podemos resolver la cuestión agrícola, lo que a su vez facilitará el curso de la última etapa de las conversaciones sobre otros tópicos. *

 

(*) Director General de la OMC (COPYRIGHT IPS, Exclusivo para LA REPUBLICA desde Ginebra)

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