Rivalidades palestinas
Las divisiones palestinas están a punto de degenerar en una auténtica guerra civil. Los palestinos vuelven a mostrar así su incapacidad para gobernar y liderar la creación de un Estado nacional. A la complejidad del proceso de paz de Oriente Medio que está a ralenti desde la llegada de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos se le suma ahora este conflicto armado entre los islamistas radicales de Hamas y los moderados de Al Fatah, que lidera el presidente Mahmud Abbas.
Los crasos errores cometidos por el primer ministro palestino, Ismail Haniya, llevaron a este enfrentamiento civil entre las dos facciones que representan a esta sociedad desesperada y abatida. Su negativa a reconocer al Estado de Israel ha provocado el rechazo total y casi unánime de la comunidad internacional, que se niega ahora a seguir financiando a la entidad cleptómana palestina, auténtico ejemplo de desgobierno, nepotismo, acusada corrupción y pésima gestión. Luego, están los desafortunados viajes de Haniya al exterior, que han llevado al máximo líder palestino a países tan democráticos como Irán y Sudán. Su descrédito en la escena internacional es absoluto y la mayor parte de las cancillerías se niega a recibirle como un interlocutor serio y válido.
Peor que la ocupación israelí
La Unión Europea (UE) cansada de financiar a los dirigentes palestinos, que se hicieron multimillonarios durante los años de gobierno de Al Fatah ya anunció que hasta que no se produzcan cambios en el rumbo de Haniya y de su movimiento político no habrá diálogo y cooperación con la Autoridad Nacional Palestina.
Los sueldos de los funcionarios palestinos no se cobran desde hace meses y el colapso de esta sociedad (subsidiada) es total. Se reproducen las protestas sociales, las escuelas cierran, los hospitales se quedan sin medicinas y la sociedad palestina nunca había estado en peores manos, ni siquiera en los más aciagos tiempos de la ocupación israelí.
Los errores de cálculo de Abbas
En estas circunstancias tan adversas, Abbas decidió convocar unas elecciones generales que permitieran a la sociedad palestina salir del actual punto muerto y propiciar un cambio político. Así pensaba el presidente palestino se generaría un nuevo escenario, se formaría un ejecutivo de otro color y el proceso de paz sería relanzando, si es que, como se esperaba, Hamas salía derrotada en las urnas y se conformaba un legislativo con una composición diferente al actual, algo bastante improbable, como señalan algunos expertos en la sociedad palestina.
El cálculo del líder palestino fue erróneo y Hamas, actuando siempre con el gatillo fácil, se echó literalmente a defender sus posiciones por la vía armada y provocando un conflicto político militar de impredecibles consecuencias.
Nuevamente, el caos y la violencia se apoderaron de las calles de Gaza, mostrando una de las caras más tristes y patéticas del conflicto en Oriente Medio: la manifiesta incapacidad de los palestinos para entenderse y sentarse a la mesa de negociaciones como un actor serio y con credibilidad de cara al exterior.
Las armas se imponen a las palabras
Israel, por su parte, no sale de su asombro y percibe que, pese a la desconexión de Gaza, que lideró en su momento Ariel Sharon, los problemas de las rivalidades interpalestinas le salpican y cortocircuitan la posibilidad de un acuerdo pacífico y duradero para la región. Abbas trataba de salir de este punto muerto, de volver a la mesa de negociaciones con un nuevo ejecutivo más acorde a sus intereses y liderar de nuevo el proceso. Veremos si es capaz de llevar a cabo las elecciones que ha propuesto en contra los deseos de Hamas.
Mientras los palestinos continúen sin aceptar la existencia del Estado de Israel y sin renunciar a la violencia, tal como sigue defendiendo Hamas en todos los foros, no habrá paz, ni estabilidad, ni seguridad para Oriente Medio. Se trata de aceptar la realidad nacida en 1948, el Estado hebreo, y de ser capaces de convivir con ella en paz y armonía, construyendo junto con sus vecinos un marco que haga compatible el desarrollo social y económico con una democracia creíble. Sin embargo, al día de hoy la realidad es muy distinta y el liderazgo palestino se muestra muy torpe a la hora de conducir a su propia gente. En definitiva, se trata de ser pragmáticos, hablar de política, sentarse a negociar y aceptar las realidades sobre el terreno. *
* Ricardo Angoso es periodista especializado en cuestiones internacionales y coordinador general de la ONG Diálogo Europeo, con sede en Madrid. (Safe Democracy)
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