Los Reyes
Quiero compartir con el lector una extraña y conmovedora experiencia que acabo de vivir. Anoche puse, como todos, los zapatitos para los Reyes Magos. Es más: también me preocupé del pasto y el agua para los camellos. Y en una cartita que escribí, les pedí unos humildes regalos.
Este fue el resultado descubierto por mí, entre lágrimas amargas de decepción, esta mañana.
Pedido: que Kirchner, mirando fijo a Tabaré, le diga «vos tenías razón, vamos a arreglar esto de una buena vez, hermano».
Regalo: un par de anteojos negros y una nariz postiza de Pinocho.
Pedido: que Jorge Batlle renuncie en serio a seguir en la política y deje lugar a los más jóvenes, entre ellos a Atchugarry.
Regalo: una guillotina.
Pedido: que Larrañaga haga dos discursos seguidos en el mismo tono y sin cambiar la pisada.
Regalo: una copia del libro «El arte de la coherencia», todavía inédito, de Luis Alberto Lacalle.
Pedido: que Iván Posada (Partido Independiente) deje de gritar en los plenarios de la Cámara de Diputados.
Regalo: una cinta engomada ancha y una capucha sin orificios.
Pedido: que Gonzalo Fernández deje de fumar como un descosido en su despacho, cuando Tabaré no lo ve.
Regalo: una beca para un curso en MA-PA. (Al lado apareció una varilla de hierro y un cartelito diciendo: «Para pegar debajo del hocico, como a los gatos». ¿Será por si el curso falla?).
Pedido: que el precio del lechón baje unos pesitos, aunque sea durante las vacaciones de verano.
Regalo: una foto de Mujica y una vela de larga duración.
Pedido: que la felicidad y la equidad inunden al país a partir de la aplicación de la reforma tributaria.
Regalo: una edición en DVD de «Los santos inocentes».
Y por si fuese poco, al costado de mis zapatitos, debajo de todo lo anterior (por eso me di cuenta al cabo de un rato), unas bombachitas rosaditas junto a una enigmática nota: «Confieso que sí. Homero Simpson».
Ahora, digo yo: ¿me habré portado tan mal todo este tiempo? ¿O estaré soñando? *
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