Deserción
En Secundaria están preocupados por la deserción en el ciclo básico. No es para menos: llega al veinte por ciento.
Afortunadamente, se ha echado a andar un diagnóstico que permitirá elaborar las soluciones más convenientes. Me place reconocerlo; nadie se ha cruzado de brazos. Otra cosa es que se esté pensando con la amplitud necesaria.
La escuela, por ejemplo, cada vez se acerca más al interés del niño: ha comenzado a adaptar sus programas para estimularlo, le resuelve más problemas prácticos y está haciendo una paulatina e inteligente incorporación de lo que la moderna tecnología pone al alcance de la educación.
En el liceo, en cambio, se advierte el desinterés por los cursos de la mayoría de los adolescentes, incluso de aquellos que, por empeño propio o disciplina familiar, siguen hasta el final. A mi juicio, ese desinterés tiene que ver con programas enciclopedistas que han instaurado la memorización y el aburrimiento, y con la forma de impartir las materias.
No soy un especialista; sólo un libre pensador crítico. Por eso creo que vale la pena atender a quienes ya han estudiado este fenómeno.
Acerca de programas, extraigo de Sábato unos apuntes: «Enseñar pocos hechos, pero desencadenantes (…) El ser humano aprende en la medida en que participa del descubrimiento y la invención (…) El libro es una magnífica ayuda cuando no se convierte en estorbo. Si Galileo se hubiese limitado a repetir los textos aristotélicos (…) no habría averiguado que el maestro se equivocaba sobre la caída de los cuerpos». Y acerca de la docencia: «Sólo los grandes profesores se atreven a enseñar de este modo (…) Con el peor programa del mundo, Platón podría haber dado un insuperable curso de filosofía en Uganda, así como (…) un programa de filosofía concebido por Platón se achicaría hasta la exacta estatura del profesor de esa desdichada región». Con todo respeto, es sólo un aporte más para reflexionar sobre esta cuestión con la cabeza lo más abierta posible. *
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