Discapacitados hoy

Envejecer con discapacidad: un gran desafío diario

Sabemos que el hecho de envejecer representa un proceso natural de la vida y con ello también podemos advertir la llegada de algunas limitaciones que con el correr de los años aparecen, las cuales, más allá de provocar estupor o marginar a la persona afectada, debe de significar un nuevo desafío al cual se debe de adaptar para continuar transitando por el camino de la vida.

Es evidente que las nuevas técnicas, los sorprendentes adelantos médicos han posibilitado que el promedio de vida se haya elevado considerablemente. Eso, evidentemente, trae como consecuencia directa la aparición de ciertas limitaciones físicas, síquicas, sensoriales, que generan ciertas discapacidades a las cuales debemos, dentro de lo posible, equiparar para evitar las desventajas que las mismas generan y obtener un sistema de vida más pleno posible, en la persona afectada.

Esa discapacidad provocada por la edad cronológica se ve sumada a la que muchas personas poseían, por haberla contraído, por razones diversas, en ciertas etapas de su vida, como pueden ser la niñez, juventud, o entrando a la madurez. En estos casos, es más difícil combatir a dos frentes, pues por un lado tenemos la limitación que ya se disponía de años anteriores, a la cual se le suma la provocada por el proceso cronológico de la vida. Es así que en muchas ocasiones encontramos que el proceso de envejecimiento se puede tornar más grave y la adaptación al mismo, más difícil.

Es evidente que este proceso tenemos que asumirlo como un hecho normal de vida. más aun, debemos ser conscientes de que no existe una salud perfecta, ya que en menor o mayor medida se le puede considerar como normal el hecho de estar en algún momento enfermo. El cuerpo humano es una máquina perfecta, pero como toda máquina a veces falla, se desgasta, no sincroniza bien, etcétera, y nos trae ciertas consecuencias.

Quizás esa máquina, que es el organismo de cada uno de nosotros, es el propio dueño quien la conoce mejor y el que puede ejercer, con el apoyo de los profesionales, «un buen mantenimiento», logrando de esa manera evitar males mayores. No debemos olvidar que cada persona envejece con características personales, que están sujetas a hechos o circunstancias propias de herencia, genética, razones ambientales, familiares y psicológicas que, por razones obvias, son diferentes de una a otra persona.

Repetimos que se da en muchos casos, que ya existe una discapacidad que definiríamos permanente en el individuo. Otra es la discapacidad que es provocada por la edad cronológica del mismo que puede comenzar, al ingresar aproximadamente a los sesenta años, a la que podemos sumarle la propia discapacidad que lleva una senilidad. Debemos diferenciar claramente las discapacidades físicas del envejecimiento en el que el individuo puede controlar su propia mente y su conducta social, y las más severas, como las psíquicas, por las que la persona necesita permanentemente la compañía del cuidado por la falta de autocontrol y autonomía propia.

Existe en nuestro país un porcentaje importante de ancianos discapacitados que requieren ciertos cuidados que son atendidos en su domicilio por su familia u otras personas.

En lo que refiere al discapacitado psíquico, aunque no se puede hacer mucho con ellos, sí hay algunas habilidades con las que estimularles a determinadas técnicas de ejecución o repetición que pueden reforzar la percepción del mayor hacia sus asuntos familiares y su entorno inmediato.

Esto puede enlentecer su deterioro y hacer posible que no pierdan tan rápidamente su autonomía, ya que lo más importante es mantener su capacidad funcional, su dignidad y autoestima, disminuyendo su carga de angustia, evitando la sobreprotección.

En nuestra cultura es importante tener en cuenta la falta de preparación que tenemos para el envejecimiento, y el rol que la sociedad ha impuesto a la vejez es negativo, aumentando, por lo tanto, la problemática social de los mayores.

Debemos procurar todos vencer los diferentes tipos de barreras que se nos presentan, procurando autoeducarnos y mentalizarnos en el sentido de que cantidad no equivale a calidad y, sin esta premisa, separando lo cualitativo de lo cuantitativo, jamás se podrá alcanzar el grado de bienestar al que todos aspiramos, sobre todo el deseo o más bien existencia de vivir los últimos años con la misma dignidad con la que nos gustaría morir.

Hagamos un esfuerzo todos y procuremos enfrentar este desafío diario con altura, dignidad y amor. Hoy será por ellos, mañana será por nosotros. *

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