Lento y…¿seguro?
Algunas estrategias de la administración municipal de Montevideo parecen destinadas, más allá de la voluntad de sus autoridades, a una explicación que sólo pueden proveer arcaicas doctrinas.
Por ejemplo, si pienso en la elaboración de un sistema eficiente de recolección de residuos domiciliarios, veo a Alejandra Ostria, directora de Desarrollo Ambiental de la intendencia y aunque ella no sea consciente de esto ni lo comparta- en la piel de aquellos antiguos tibetanos religiosos que podían elegir entre una vía inmediata y una vía progresiva para alcanzar la salvación. Ostria, con una filosofía muy parecida a la de sus antecesores, ha elegido la progresión: a lo hecho ya, introducir paulatinamente en los hogares la clasificación primaria de residuos a través del uso de bolsas diferentes, mientras se actualiza el ordenamiento y control de la tarea de los hurgadores que andan por ahí.
Parece muy razonable. Es otro pequeño paso en la dirección deseada, que no descuida el elemento crucial de un servicio público: la sistemática educación de unos y otros. Dicho de otro modo, se va lento para ir seguro.
¿Seguro, realmente?
Aunque espero que sí, hay dos aspectos que me inquietan. Uno, que Ostria haya dicho que el ciudadano está obligado a ayudar en la clasificación porque participa de la responsabilidad colectiva de evitar la contaminación; debería saber que eso puede ser discutido desde el punto de vista del derecho de los contribuyentes. Otro, que haya anunciado el nuevo programa sin que, por lo visto, estén dadas todas las condiciones para su aplicación inmediata.
Quizás fuera bueno que reflexionase un poco más antes de hablar con la prensa. No sería estimulante que se viera reflejada en aquel supuesto elogio que Poe le hizo decir a su personaje Auguste Dupin: «Me gusta especialmente por cierta forma maestra de gazmoñería, a la cual debe su reputación. Me refiero al modo que tiene de negar lo que es y de explicar lo que no es». *
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