Esoterismo
Esotérico significa oculto, reservado y, por extensión, lo que es impenetrable o de difícil acceso para la mente.
A riesgo de que se me impute de excesivo, declaro que la justicia se ha parado al borde del esoterismo en el caso de la enfermera del Pasteur acusada del homicidio de un paciente. El juez Eguren en un trámite que completó el doctor Mirabal, quien lo suple por licencia médica admitió el pedido del defensor de inyectar a la mujer una dosis de pentotal sódico, sustancia llamada, y por cierto erróneamente, «el suero de la verdad». Y no es todo, ya que ese defensor anticipó que podría solicitar la hipnosis.
Ignoro ahora los resultados de tamaña acción, aunque no es lo que más me interesa porque no creo que los haya. Definitivos, digo.
Podría calificarse a Eguren de innovador. Y apelo a este adjetivo y no a otros porque expresa de modo prudente un acto impenetrable, de difícil acceso para la mente (la mía, al menos).
Eguren que antes rechazó el cambio de carátula del caso a «homicidio culposo», induciéndonos a pensar que no tenía dudas innovó al aceptar el pentotal sódico contra la opinión de los peritos forenses que lo asesoraron. Llama la atención: la ciencia mucho ha avanzado desde la Segunda Guerra Mundial, cuando se usaban el pentotal, el sodio amital y el éter, además de electrodos sobre el lóbulo temporal y del hipnotismo, claro, y hoy se sabe que nada convierte del todo a alguien en aquel «Funes, el memorioso» creado por Borges. La recordación total inducida es poco probable, o no fiable, porque la mente huye a menudo de las trampas, aunque sean químicas, y, a cambio, las crea: lo que «confiesa» suele mezclar fantasía e imaginación. La ciencia moderna lo sabe, aunque no sepa cómo ocurre.
La justicia se hace a través de la interpretación lectura profunda y seria de leyes, códigos y pruebas. No parece sensato maquillar ese proceso, por imperfecto y discutible que hoy parezca, cayendo, nomás, en el esoterismo. g
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