Tres iniciativas revolucionarias
El Encuentro Progresista estructuró su propuesta programática en 2004 en torno a cinco ejes: el Uruguay Productivo, el Uruguay Social, el Uruguay Integrado, el Uruguay Democrático y el Uruguay Innovador. La inclusión de este último eje fue en sí una importante novedad. A través de él, se le otorgó un lugar de destaque al complejo de la investigación, la educación, la información y la innovación. Significó la incorporación definitiva de la temática vinculada con la ciencia, la tecnología y la innovación en la agenda política; cuestiones pocas veces jerarquizadas, casi siempre relegadas y con pésimos niveles de inversión.
El desarrollo de una política con empuje y el compromiso de destinar los fondos necesarios para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación constituyen uno de los principales componentes del giro político y social que emprendió el Uruguay reciente; giro ineludible, ya que en el mundo actual la producción de conocimientos y su incorporación a la vida social se han convertido en los factores centrales para el desarrollo y la resolución de los problemas que afectan la calidad de la vida humana. En buena medida, de ellos dependen el crecimiento productivo y la generación de empleo que permitan un desarrollo incluyente y solidario, no fundado en la mano de obra barata o en las ventajas naturales para producir materias primas.
Todo lo concerniente a ciencia y tecnología estaba fuertemente afectado por la fragmentación, con varios organismos que operaban sin mayor coordinación entre sí ni jerarquización de objetivos de acuerdo a un plan global. Para modificar esta realidad, primero se creó el Gabinete Ministerial de la Innovación, organismo de primer nivel político, encargado del diseño y la coordinación de toda la acción en la materia y luego, ya en la ley de presupuesto, se creó la «Agencia Nacional de Innovación», con el cometido de organizar y administrar instrumentos y medidas de fomento, promoviendo la coordinación institucional en forma transversal, articulando las necesidades sociales y productivas con las capacidades científicas, tecnológicas y de innovación. Tras ello, y dentro del plazo previsto, el Poder Ejecutivo remitió el proyecto de ley para regular su funcionamiento y el Senado, tras un detallado estudio y modificaciones claves lo aprobó con amplio acuerdo, y así también lo hará la Cámara de Diputados.
La ANII será una persona pública no estatal, con la flexibilidad para una gestión dinámica, y con los controles que aseguren la transparencia. Con la necesaria coordinación interministerial y una agencia específica en la gestión, el marco institucional resultará mucho más adecuado para una buena gestión. El desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación requerían de un organismo en el que confluyeran y se articularan los esfuerzos dispersos existentes, y de nuevos recursos materiales, los que provendrán inicialmente de fondos muy importantes de organismos internacionales.
El viernes 8 del corriente se produjo la inauguración oficial del Instituto Pasteur de Montevideo, lo que significa un verdadero hito en la vida científica del país. Resulta innecesario presentar al Instituto Pasteur de París, uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo. Basta decir que fue creado hace 120 años y durante su larga vida, ocho de sus investigadores recibieron el Premio Nobel. Tras unos cuantos años de preparación, esta posibilidad comenzó a tomar forma durante el pasado gobierno, y se concretó en el 2004 a través de la Ley N° 17.792, que fue votada por todos los partidos políticos. Su financiación nació de una deuda que Uruguay tenía con Francia y que esta última nación aceptó volcar para la creación de este instituto.
El Pasteur-Uruguay es el 30° instituto de este tipo en el mundo, pero el primero en América del Sur, y cuenta con un valioso y variado instrumental de última generación que lo pone en condiciones de trabajo excelentes. Sus objetivos son: la creación de plataformas tecnológicas sofisticadas, con proyección regional y concentradas en un solo lugar que permitan realizar los experimentos más modernos en biología; la creación de un ambiente que posibilite retorno de científicos a la región y su reinserción en un medio; la creación de un centro de enseñanza para las nuevas tecnologías; y por último, participar en el desarrollo de la biotecnología en Uruguay, elemento esencial para un país productivo. Desde su especialización, que es la biomedicina, su trabajo se dirigirá a la industria farmacéutica y a institutos como el INIA, y potencialmente puede transformarse en un polo de atracción de inversiones en la materia. Su creación constituye un verdadero reconocimiento y un gran logro para la ciencia nacional.
El día miércoles 14 se presentó el revolucionario programa Ceibal, de acceso equitativo a la información digital, que impulsa la Presidencia de la República y el Latu. Se trata de un ambicioso proyecto que busca incorporar nada menos que a todos los escolares de la enseñanza pública a la utilización de la computadora personal como instrumento de aprendizaje, información y conocimiento.
El mismo parte de las investigaciones del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), y del esfuerzo de la fundación sin fines de lucro «Un ordenador para cada niño», liderados por Nicholas Negroponte (que vino a Uruguay para esta cuestión). Se funda en una pequeña y simpática computadora de bajo costo, que integra los elementos básicos Linux y software libre incluidos que permiten su utilización como instrumento educativo masivo. Este plan, que implicará una inversión por etapas de decenas de millones de dólares, la que permitirá superar la meta del 4,5%, posibilitará que todos los niños que cursan la escuela primaria accedan a la informática y a las posibilidades que la misma brinda como herramienta docente. Podrán llevarse la computadora estamos hablando de centenares de miles de ellas a sus casas, tanto si viven en las zonas centrales de las ciudades como en los asentamientos o en los medios rurales más aislados, y estar permanentemente en red, dentro y fuera de las aulas, con todas las posibilidades que brinda el acceso regulado a Internet.
La iniciativa comenzará con un plan piloto en un grupo de escuelas del interior, luego se extenderá a algunos departamentos, y en una tercera etapa, prevista para el 2009, se generalizará a todo el país. El alcance del programa es difícil de imaginar: implica el salto del papel y el lápiz a la era digital, con todas las posibilidades y complejidades de la revolución tecnológica. Y con el denodado esfuerzo de imaginación, de actualización y de creación docente que supondrá. El desafío comunicacional, pedagógico y didáctico, será el más importante de todos.
Este plan coincide con otros similares en Argentina y Brasil (y en zonas de África y Asia), pero en nuestros dos vecinos prevé un alcance parcial, mientras que en el pequeño Uruguay se propone cubrir la totalidad del alumnado, hasta llegar al objetivo de un niño, una computadora. Seremos el único país del mundo en hacerlo.
Estas tres iniciativas muestran un país que apuesta a la capacidad de su gente, principalmente a la educación, incorporando valor agregado a su producción. Como en muchos otros cambios en curso, la visibilidad tardará. Pero el compromiso programático se está cumpliendo cabalmente y la ciudadanía lo percibirá nítidamente. *
(*) Senador de la República.
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