"Hay algo que siempre te tira hacia el campo"
El Programa Ganadero está orientado a pequeños y medianos productores (que tengan menos de 1.250 hectáreas) que presenten un plan de acción para mejorar su productividad ganadera.
En caso de que el MGAP considere que es un plan viable, le da al productor un promedio de 3.300 dólares a medida que vaya cumpliendo con las metas.
En tal sentido, días atrás, se firmaron en Minas 36 contratos con productores del departamento de Lavalleja, los que eran de muy diversas características. Reinaldo era uno de los que estaba allí, que narró parte de su historia mientras esperaba para firmar.
Mi tierra
Reinaldo es un productor joven que vive con su familia en la Colonia Gregorio Suárez del Instituto de Colonización, que depende de la regional de Lavalleja, pero está ubicada en Maldonado.
El trabajador recordó que los predios allí son chicos -de 20 a 30 hectáreas (hás)- porque fueron creados con un fin hortícola, pero el de él es una excepción ya que cuenta con unas 70 hás.
«El problema es que los suelos allí son rocosos, lo que atenta directamente contra la capacidad de aumentar el número de cabezas por hás», dice. De todas formas es posible mejorar las pasturas usando más fertilizante y en ello piensa invertir con la ayuda del plan. El joven productor indicó además que el terreno es una herencia familiar, de varias generaciones. «Mi familia estaba allí desde antes de que se creara la Ley de Colonización en el año 1949, aunque fue con la Ley que obtuvimos formalmente el terreno», destacó.
Reinaldo agregó acerca de «su tierra» que su abuelo se la pasó a su padre y su padre a él. «Yo espero poder seguir con la tradición y pasársela a alguno de mis hijos», aunque le da pena saber que sólo uno de ellos va a poder quedarse ahí, porque el rendimiento no es suficiente para mantener a dos familias.
Autosustentarse
También dijo que las chacras cercanas a la de él se han vuelto lugares de veraneo para gente que vive en la ciudad y que casi ninguna es autosustentable. «Mucha gente se ha tenido que ir a los balnearios a trabajar para vivir porque el rendimiento del campo no da para autosustentarse», aunque manifestó que «por suerte», entre la ganadería y algo de semillería, más alguna changa de cuidado de pasturas de terceros, ha logrado seguir adelante, pero es de los pocos. «La gente se extraña cuando ve una cosechadora por allá», comentó.
Finalizó Reinaldo sosteniendo que no sabe si es por costumbre, pero que aprendió a amar al campo desde chico. Recordó que de niño recorría los semilleros con su padre y que a los 10 años plantaba de todo. Después hizo dos años de liceo, y lo dejó porque se dio cuenta de que eso no era para él. «Te va probando el destino y te orienta para ese lado…, y a pesar de las dificultades hay algo que siempre te tira hacia el campo», concluyó. *
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