Alcahuete
No quisiera estar en la piel del gobierno cuando deba negociar con este mozo Arregui, de ENCE, la tan baqueteada nueva localización de su fábrica.
Se me ha ocurrido que será como jugar al truco con el Negro Toronja, viejo habitante, ya fallecido, del histórico boliche del Chiquito Otegui, allá en Libertad. Al Negro le decían «el alcahuete», pero no por su intención de serlo, sino a causa de un desgraciado problema que arrastraba desde la cuna: era mellado y parecía que siempre estaba haciendo la seña del cuatro. En fin, cosas del pasado.
Pero este mozo Arregui, en cambio, parece alcahuete de alma. O un devoto prolijo de la alcahuetería por interés. Y, se sabe, los alcahuetes de fe o los alcahuetes interesados siempre dan problemas, ya que lo primero que se ignora es a quién van a alcahuetear en cada ocasión.
No obstante, su rastro reciente le ha dejado al gobierno uruguayo algunas pistas. Este mozo Arregui es, antes que de otro, alcahuete de Rodríguez Zapatero, quien arregló sacar a ENCE de Fray Bentos para ir allanándole, en aquel entonces, el camino político a Chirolita. Eso lo convierte, además, en alcahuete de don Juan Carlos de Borbón, a quien dejemos la ingenuidad a un lado fue su propio presidente de gobierno el que lo metió en este brete donde ahora transpira como un beduino.
¿Cómo podría sorprender, entonces, que este mozo Arregui terminara su primera cruzada reptante alcahueteando a Chirolita en plena Casa Rosada, mientras acá mirábamos desde la tribuna?
Ahora es cosa de estrategia.
¿Cómo negociar con alguien tan alcahuete como este mozo Arregui? No sé, Tabaré verá. Pero no hay que olvidar que a los alcahuetes conviene dejarles poco margen de huida.
Sería bueno, por ejemplo, decirle: «Ta’gallego, ya que compraste en Conchillas, hacete una canchita de polo o algún campito de golf. Pa’desquitar ¿sabés? Porque Arana dice que el único lugar donde podés poner la fábrica, si arreglamos con Chiruchi, es en las barrancas de Kiyú». *
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