¡Llegó el Moulin Rouge!

El verano del 62 venía más que caliente. En los primeros días de aquel enero la ciudad se conmovía con una compañía europea que por primera vez nos visitaba. Era nada menos que el famoso Moulin Rouge de París. Coristas bellísimas, elegantes bailarines, escenografía y luces para dejar a los montevideanos con la boca abierta del asombro. Y a los infaltables «viejos verdes y ricachones» se les caía la baba ante esas francesitas de novela. El show se presentó en el Palacio Peñarol y contaban que el propio contador Güelfi tuvo que autorizar la presentación pues los otros dirigentes temían algún escándalo de los sectores más puritanos y retrógrados de nuestra sociedad. Lo cierto es que en ese Moulin Rouge reinaba el buen gusto y las audacias se presentaban con gran sofisticación. Las entradas eran caras pero los vecinos hicieron un esfuerzo y aparecieron en las boleterías los cartelitos de «no hay más localidades». Y no olvidemos que cada principio de año los espectadores tenían espectáculos muy atrayentes.

Simultáneamente al Moulin Rouge se presentaba en el Teatro Odeón la Comedia Nacional con la popularísima «Una pulga en la oreja» con los jóvenes Antonio Larreta y Juan Jones. También había llegado como era habitual en enero una compañía teatral desde Buenos Aires.

En este caso fue la muy querida Pepita Serrador que presentaba el éxito rioplatense titulado «Aprobado en castidad». Pero igual el Palacio Peñarol se llenaba todas las noches que actuó el Moulin Rouge. Los más veteranos comentaban que ese show francés se parecía a «los varietés» que ellos habían visto en los viejos cabarets de la Ciudad Vieja. Según ellos la diferencia era el lujoso vestuario y las increíbles luces. Algunos críticos de la prensa se arriesgaron a decir que este Moulin Rouge nada tenía que ver con el original que se presentaba en el teatro con un «molino rojo» en su frente allá en el barrio bohemio de París. Nadie les dio bolilla y las francesitas enloquecieron a los noveleros montevideanos. También quedaron impactados los vecinos de Pocitos que un mediodía vieron bajar de un ómnibus a más de 30 coristas con audaces biquinis que acá ninguna dama se atrevería a usar. Luego del baño playero cruzaron a la plaza Gomensoro y se sacaron fotos para los diarios y revistas. Los fotógrafos comentaron luego que les llamó la atención que algunas de esas bellezas hablaran en español con acento madrileño. Aunque la mayoría se expresaba en un cerrado francés lleno de gestos muy simpáticos. La música de ese Moulin Rouge quedó por años en la memoria montevideana ya que orquestas como la del talentoso Washington Oreiro la interpretaron en sus actuaciones para las salas de baile de la Capital. Plumas, terciopelos, galeras y smocking, mientras las piernas se alzaban rítmicamente mostrando los tradicionales portaligas. Así se bailaba el Can Can ya sea en París o en Montevideo. Fue el Moulin Rouge que en un enero del 62 llegó con su pícara fragancia y todo el sabor del bohemio Montparnasse. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

Coordinación: ANGEL LUIS GRENE

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