Efluvio
Primero fue la poco sutil referencia a una reelección del presidente Tabaré Vázquez, lanzada al unísono desde varios rincones y alimentada luego con diversas y complejas interpretaciones políticas, históricas y constitucionales.
Luego ocurrió una apenas perceptible pero real alusión al supuesto interés que el ministro de Economía, Danilo Astori, tras constatar el crecimiento electoral de su grupo en la interna del Frente Amplio, habría manifestado acerca de una futura postulación presidencial.
Y finalmente -¿por ahora?- emergió el inefable José Mujica como sujeto aparentemente no consultado de otra posible candidatura, situación que, por suerte, el mismísimo interesado, que en realidad parece no estarlo, se encargó de diluir más rápidamente de lo que se desinfla un globo de cumpleaños al sol.
¿A la izquierda la agarró un cautivante efluvio electoralista?
¿Acaso la impronta del Herrerismo acaba siendo más contagiosa de lo que a simple vista uno pudiese imaginar?
No es cuestión de derechos o legitimidades. Todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones cuando le plazca. Y toda opinión expresada con respeto y en libertad es, intrínsecamente, un acto legítimo.
Pero ¿y la oportunidad?
Es imposible imaginar una peor. Todo el pensamiento, todas las ideas, todo el empuje y toda la dedicación deben alinearse ahora detrás del programa de gobierno, buscando resolver tanta cosa todavía desarreglada que anda por ahí. ¿A quién se le ocurre perder el tiempo desplegando tamaño floripondio politiquero cuando hay que resolver la reforma del Estado, el nuevo sistema nacional de salud, el plan de equidad y hasta la aplicación de la reforma tributaria?
Más aun: quienes andan envueltos por el efluvio electoralista ¿no han reparado en lo que quiso decir a todos el propio Presidente, el otro día, cuando instó «a ponerse las pilas»?
Como decía el gallego: «¡Ea, tíos, dejaros de joder, espabilad y tened la fiesta en paz, que os puede caer encima tremendo embrollo!». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad