¿Política o etología?
Dicen que la duda es principio de todo, también de la sabiduría.
Ojalá. Hay una duda que me despelleja el alma esto es retórico, porque no sé si la tengo-: ¿por qué Brasil imita a Pilatos cada vez que Uruguay le hace ver, con sutil, casi sublime diplomacia, su omisión, como presidente pro témpore del Mercosur, frente a la violación perpetrada por Argentina del derecho a la libre circulación de personas y bienes consagrado por el tratado regional?
Analizándolo en la madrugada, a la luz de un candil y un vaso de grapa con helecho en las cercanías, y luego de abrevar en viejos textos, he llegado a dos hipótesis.
Una es política. Pone la piel de gallina.
Lula se lava las manos porque, en esa disputa cuya esencia bilateral tanto destaca, no le interesa tomar partido contra su gran socio y único enemigo de riesgo. Sabe que el frágil y complejo equilibrio del Mercosur, más ahora, cuando Venezuela agrandó la familia y Bolivia empieza a jugar desde afuera con fuerza, depende de su esperpéntico concubinato con Kirchner, al que las infidelidades mutuas han hecho tambalear a menudo.
Si esta hipótesis se confirma, Dios nos ampare.
Otra es etológica. Tranquiliza el espíritu.
La etología dice que en todos los seres vivos y Lula lo es- hay un mecanismo natural que recompensa el comportamiento que conduce a una relajación de las tensiones existentes. Según el etólogo Hull, «la información innata que nos dice ‘haz lo que conduzca a la distensión’, guía al organismo hacia una conducta biológicamente acertada, beneficiosa para la conservación del individuo y de la especie». O sea, Lula, por un sencillo proceso nervioso que proviene de la evolución de las especies, «sabe», de antemano, que una dilución o desinflamación generalizada sanará al organismo enfermo.
Si esta hipótesis se confirma, habrá nacido una esperanza.
Aunque, pensándolo bien, no será tan sencillo diluir el coágulo cerebral de Chirolita ni desinflamar los genitales de Tabaré. *
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