Sistemas actuales de discriminación
A los 31 años de la Declaración de los Derechos del Impedido, notamos con harta frecuencia que se percibe la discapacidad como un problema propio de un individuo. En los últimos años las personas discapacitadas han empezado a caer en la cuenta de que el término discapacidad disimula un sistema complejo de restricciones sociales. Sirve de ejemplo la negación de oportunidades a los usuarios de sillas de ruedas por la inaccesibilidad de los lugares al los que quieren o necesitan acudir. A las personas con deficiencia visual se les niegan oportunidades simplemente al no poner a su disposición los medios no visuales para poder comunicarse con el mundo exterior de forma plena. Las personas con problemas de aprendizaje pueden fracasar en el aprendizaje de una tarea para la que poseen potencial debido a que no se les proporcionan las técnicas formativas de apoyo que necesitan.
La negación de la igualdad de oportunidades obedece a varias razones. Nuestros edificios, vehículos de transporte, sistemas de enseñanza o de salud, actividades recreativas y estructuras laborales no han sido concebidos para atender plenamente a las diferencias intrínsecas de los individuos. Además muchos de los problemas que tienen las personas discapacitadas se deben a que la calidad de los servicios prestados en determinadas áreas no tiene eco en otras. Por ejemplo, para una persona que disponga de un buen programa de asistencia personal, de un nivel educativo apropiado y de excelentes oportunidades de empleo, la inversión realizada en asistencia personal podría caer en saco roto como no existan infraestructuras de transporte que lleven a su lugar de trabajo.
La negación de la igualdad de oportunidades puede alegarse por otros motivos, como el lugar de nacimiento de uno, su situación financiera, manera de expresarse, color de la piel o apariencia física.
De acuerdo a la última encuesta de hogares realizada en nuestro país, el 7,6% de los ciudadanos de este país, presenta a algún tipo de discapacidad. Un alto porcentaje de personas discapacitadas, sociedad se construya de tal forma que acabe siendo incapaz de tener en cuenta las necesidades y sus derechos de un sector significativo de la población.
Además falta aún por reconocer las ventajas que supone integrar a una población discapacitada activa. Las sociedades se articulan en torno al mítico concepto de normalidad que no conduce ni a la definición de un enfoque ideal en la planificación y práctica política, ni a la capacitación y desarrollo personal de las personas discapacitadas.
A pesar de la excelente infraestructura legal nacional e internacional que incide en nuestro país y todos los instrumentos desplegados en los últimos años de política social, no se ha logrado situar a los ciudadanos discapacitados en pie de igualdad en términos de derechos y responsabilidades. De ahí que convengamos que no resulta fácil la integración de las personas discapacitadas en su comunidad.
Este desafío permanente es el que despliega la Comisión Nacional Honoraria del Discapacitado, Plenadi, (FUAP), la Coordinadora de Ciegos, la Secretaría de Gestión Social para la discapacidad de la IMM y una serie importante de ONGs, como fuerzas impulsoras, buscando el cumplimiento de todos estos derechos de carácter internacional y nacional no sean enunciativos y se transformen en una realidad tal, que permita que la persona con discapacidad obtenga una igualdad de oportunidades y con ello, sea una persona activa y productiva y resulte útil para si misma y no signifique una carga para su familia y su comunidad.
Mancomunemos nuestros esfuerzos en procura de hacer valer nuestros legítimos derechos que se inician en nuestra propia Constitución, leyes nacionales, declaratorias y resoluciones internacionales que nuestro gobierno ha reconocido como propias y obtendremos un lugar digno en nuestra sociedad para las personas que presentan algún tipo de discapacidad.
No permitamos que las diferentes barreras que se nos presentan en nuestros caminos, haga decaer nuestro esfuerzo. Por el contrario, que todo obstáculo que encontremos sirva para redoblar fuerzas que nos permitan convivir en una sociedad, totalmente accesible, solidaria y sin ningún tipo de discriminación.
Por último, también, sigamos trabajando con ahínco por un futuro venturoso que nos encuentre a todos recogiendo los frutos, producto de lo que sembramos en esta lucha constante por la causa de la discapacidad. *
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