Un largo rito
¡Sabía que algún viejo libro me ayudaría!
Me encontraba azorado, calculando cuánto tiempo más perdería el sistema político con la designación del fiscal de Corte, cuando, de pronto, apareció ante mí «Sabidurías invisibles». Allí, Douchan Gersi habla del Festival de las Lágrimas, el rito funerario más extenso que se conozca y que practican los toradios de las islas Célibes. Puede durar hasta veinte años y se divide en varias fases.
A eso se está pareciendo este proceso de designación: un largo rito funerario. Sólo que ha muerto no una persona ni una candidatura- sino la sensatez.
Es sencillamente inaceptable que el gobierno y la oposición sigan enredados, del modo absoluto en que lo están, con un asunto que, visto sin prejuicios, es muy sencillo de resolver.
El gobierno ha puesto lo suyo. Los arrebatos, el recurso rescatado de la letra chica y cierta altanería no parecen la estrategia más adecuada en la búsqueda de una conveniente conciliación, siendo que los votos de la oposición son necesarios para la venia constitucional.
Pero los pataleos de blancos y colorados han pulverizado la racionalidad. Primero fue si hubo o no comunicación adecuada del nombre propuesto. Luego, si el asunto se debatió cuándo y cómo la oposición quería. Más tarde se deslizó, entrando al fangoso terreno de lo especulativo, que había simpatía política entre la candidata y el gobierno. Enseguida, ya con escaso tino, alguien la emparentó con orientaciones en su momento defendidas por el crucificado Oscar Peri Valdez. Y ahora se la ha acusado alegremente, al borde de la irresponsabilidad, de haber incurrido en una supuesta falta ética.
Es un manoseo absurdo.
No se trata de ganar como sea. Mientras no se entienda, nada cambiará.
¿Acaso hay esperanzas? Dice Gersi que hasta el rito toradio genera vida nueva: los hombres danzan, las mujeres lloran, enamorarse es fácil. Y nueve meses después de uno de esos funerales nacen muchos niños.
Hay que comprender el mensaje. *
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