Ante la XVI Cumbre Iberoamericana sobre Migración

Uruguay: de Nación de inmigrantes a Nación de emigrados (I)

La Cumbre Iberoamericana que se inaugura hoy en Montevideo, capital del Mercosur, tendrá como eje central de análisis, diagnóstico y propuestas el fenómeno imparable de una emigración en marcha ascendente en busca de su nuevo Nirvana.

Esta legión policlasista, de talentos, profesionales y también de pobres y desamparados, expulsados de sus comarcas por sistemas injustos que no les garantizan ni una vida digna y ni siquiera en muchos casos su sobrevivencia, plantea en toda su crudeza el gran desafío iberoamericano y mundial de la gobernabilidad migratoria.

Es el gran desafío a asumir en esta Cumbre que deberá abordar la erosión del capital humano perdido en los países emigrantes, que deberá analizar y ordenar el enorme flujo de remesas de los emigrados, que deberá encarar el dramático problema de la indocumentación y las políticas selectivas de admisión, sin descartar el abordaje de las políticas xenófobas y discriminatorias de muchos países receptores, así como los fenómenos de exclusión social, la falta de respeto a la identidad cultural de los nuevos habitantes, entre muchos otros fenómenos injustos e intolerables que desató esta emigración mundial sin precedentes en la historia humana.

En la contratapa de hoy comenzaremos analizando el caso uruguayo para seguir mañana con el análisis del fenómeno mundial e iberoamericano de la migración que se emparenta con una revancha de la historia.

El caso uruguayo muestra algunas características especiales.

La emigración de hogaño supera con creces la inmigración en oleadas de antaño.

El gran proceso inmigratorio hacia nuestro país se gestó en el siglo 19 llegando la población extranjera, a principios del siglo 20, a representar casi la quinta parte de la población total. El censo de 1908 registraba 181.222 extranjeros en el país. En su inmensa mayoría eran europeos, un 73.74%, seguidos por nativos de América Latina, un 26.16%, mientras otros continentes aportaron sólo el 0.1%.

Nuestro país dejó de ser atractivo para la inmigración al finalizar la década de los 50. La inmigración se redujo a la mitad de 1908 a 1996, fecha del último censo. En valores absolutos descendió de 180.000 personas a 90.000 inmigrantes. Estas cifras se explican por la reducción abrupta de los nuevos arribos y el envejecimiento de las añejas corrientes migratorias que no se renovaron. El progresivo envejecimiento de la inmigración explica el fenómeno. En 1908 los inmigrantes de más de 65 años de edad representaban el 9% de la población inmigrada, mientras el censo de 1996 detecta que ese porcentaje se eleva al 34%. El efecto de la mortalidad y la no renovación de las corrientes inmigratorias terminó con el Uruguay de inmigrados, cediendo lugar al nuevo Uruguay de emigrados.

De 1908 al último registro de 1996, censo a censo se registró una notable disminución de la extranjería en el país, con excepción del censo de 1963 que exhibió un aumento efímero a raíz de la excepcional corriente inmigratoria de mediados de siglo, registrada entre los años 1950 y 1959 en toda la región. A partir de 1963 la caída inmigratoria es imparable, así como también lo es el ascenso emigratorio de los uruguayos que dejan el país.

El nuevo Uruguay, Nación de inmigrantes que pasa a ser una Nación de emigrados, revela cifras alarmantes de expulsión de talentos.

En los últimos 40 años emigraron del país, 400 mil uruguayos en una población que osciló entre 2:500.000 y 3:500.000 de habitantes. Las cifras son aún mayores porque las estadísticas sólo registran los datos censales y no tienen en cuenta la emigración no detectada. Debe sumarse a estas cifras migratorias las registradas en los censos anteriores a 1963, que si bien aportan información insuficiente y no siempre verificable, eleva aún más el caudal emigratorio.

Los datos obtenidos en el Instituto Nacional de Estadística son elocuentes. El censo de 1975 revela que de 1963 a esa fecha emigraron 185.710 uruguayos, repartiéndose de forma casi similar entre hombres y mujeres (92.961 hombres y 92.749 mujeres). La mayor cantidad de emigrantes la constituían los jóvenes de 20 a 29 años.

Entre 1975 y 1985 emigraron 122.804 uruguayos más y de esa fecha a 1996 lo hicieron 68.170 uruguayos, predominando la población masculina y reduciéndose aún más la edad de los emigrados que ahora salta de 15 años a 29 años.

En cuanto al destino de los emigrantes uruguayos hacia los países de habla hispana, es España el que cuenta con mayor número de uruguayos documentados como inmigrantes. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística de España, los uruguayos superan a los mexicanos, chilenos, paraguayos, bolivianos, hondureños y salvadoreños entre otros pueblos de habla hispana que eligieron a España como refugio de sus vidas.

Sólo son superados en términos absolutos, no así en términos porcentuales de la población de sus países de origen, por los ecuatorianos, los colombianos, argentinos, venezolanos, peruanos y dominicanos en este orden.

Una característica de la emigración uruguaya que contradice la tendencia latinoamericana tiene que ver con las remesas de dinero que envían los uruguayos emigrados a sus familiares en el país que los vio nacer.

Las estadísticas afirman que los hogares no pobres de América Latina tienden a registrar proporciones mayores de remesas que los hogares pobres, ya que en general no son los pobres los que emigran sino las capas medias pauperizadas o los talentos o profesionales que buscan mejores horizontes de vida. Sin embargo, Uruguay junto con México constituyen la excepción latinoamericana. Las remesas de uruguayos en el exterior hacia los hogares pobres casi duplican las que tienen como destino los hogares no pobres, en un fenómeno que puede estar revelando una emigración preferencial de ciudadanos pobres por sobre los no pobres, y que la Universidad y los cientistas sociales deberán estudiar para el diagnóstico imprescindible en este tema. Las cifras de Cepal consultadas revelan que las remesas de uruguayos en el exterior hacia las áreas de residencia urbana de su país tiene como destino el 21.6% de los hogares pobres y el 12.1% de los hogares no pobres. *

(*) Director de LA REPUBLICA

 

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