El mago chanta
El diputado colorado Washington Abdala declaró que el tiempo del embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Meyer ha acabado. Y pidió, casi rogó, que lo releven. ¿Una desproporción del fogoso legislador?
Ah, no sé. Como sustantivo femenino, diplomacia es, según la Real Academia,»la ciencia de los intereses y relaciones de unas naciones con otras». Por tanto, un buen diplomático es quien sirve con equilibrio y sensatez a ese propósito. En sentido figurado y familiar, diplomacia es «habilidad, sagacidad y disimulo».
Pues bien, este hombre ni ha cumplido equilibrada y sensatamente con su misión, ni ha sido hábil, sagaz y menos aun disimulado. Así que el soldado Abdala no anda, por cierto, incurriendo en exageraciones. Si Uruguay y Argentina algún día van a reanudar su amistad histórica, extirpando al fin el forúnculo impostado de los patéticos piqueteros entrerrianos, Patiño Meyer está de más. No es serio –dicho con piedad– comparar ayer a los patoteros con Gandhi, y hoy declarar, al modo exquisito de Carlitos Balá, que lo que han declarado es «inadmisible y hay que tomarlo como de quien viene».
Esa, la voltereta del gato para caer parado, ha sido hasta hoy, posiblemente, su única, dudosa virtud. Es flexible este buen hombre. Simpatizó con Menem y con Duhalde y sirve hoy entusiasmado a los sinuosos, a veces surrealistas intereses de Kirchner; ignoro qué relación tuvo con De la Rúa, pero sospecho que lo debe haber abrazado alguna vez, por las dudas. ¡Se parece tanto a Chacho Alvarez!
En un memorable artículo de hace unos años, Manuel Vicent describió a un mago chanta que se había hecho famoso en Madrid: «Su gama de pronósticos va desde la guerra nuclear hasta un problema de vesícula, de modo que una marquesa llega para escrutar el porvenir de una testamentaria y sale con el diagnóstico de un cálculo de riñón».
Como soy respetuoso, y entiendo las diferencias, voy a resistir la tentación espantosa de hacer algo parecido a una comparación. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad