A la calle y a votar
Hoy tenemos una cita ineludible: a dos años del triunfo histórico el Frente Amplio convoca a su pueblo a un acto masivo. Este segundo aniversario llega en un momento político en el cual se han crispado los enfrentamientos con el bloque conservador en la oposición. Una oposición que se dice constructiva pero no lo demuestra en su práctica y que ha erizado su discurso y sus acciones. En ese marco, la fuerza política responsable de la conducción del país dará su mensaje a la ciudadanía desde una tribuna, en la calle, sin intermediarios.
También en fecha cercana, el domingo 12 de noviembre, el Frente Amplio convoca a sus adherentes y simpatizantes a participar en sus elecciones internas. No es la primera vez que nuestra fuerza política lo hace, pero sí es la primera vez que las internas se realizan desde que asumió el gobierno nacional. Esta circunstancia las hace diferentes a todas las anteriores, aunque su formato sea esencialmente el mismo. Y también hace distinto al FA en el sistema de partidos de nuestro país. Porque se impone el desafío de ejercer la democracia cuando desempeña el gobierno, para demostrar que es capaz de realizar ambas cosas, fortaleciendo a la fuerza política y al propio gobierno. Todos los uruguayos mayores de 14 años, ya adherentes o dispuestos a adherir ese día, sólo con su cédula de identidad en la mano y la voluntad de participar, podrán hacerlo.
En numerosas ocasiones y para fuerzas políticas de izquierdas y de derechas, las exigencias que impone el ejercicio del gobierno han tenido por consecuencia una distorsión de tal magnitud como para hacer realidad aquello de que «el gobierno se comió al partido». En efecto, la necesidad de dedicar sus mejores cuadros a la gestión gubernamental y la inmediatez, a veces la premura agobiante de las exigencias que todo gobierno enfrenta en sus decisiones, hace que a la organización política le resulte difícil seguir el paso de la gestión. Aún teniendo claro que la confusión gobierno-partido está en la base de muchos males, somos de los que pensamos que los partidos políticos como tales no deben caer en la postración cuando ganan las elecciones, sino todo lo contrario. Respetando la independencia de cada una de las áreas, la fuerza política debe estar a la altura de sus responsabilidades, que por cierto no terminan con la realización del escrutinio. El equipo de gobierno, por su parte, tiene todo el compromiso de la gestión, la que debe conducir dentro del programa partidario.
Pero la fuerza política tiene un trascendente e insustituible papel en la definición de las grandes líneas de acción, de las prioridades, en la organización de los sectores sociales de apoyo, y también en la actualización del marco programático que da sustento a la acción gubernamental, ya que la realidad es cada vez más cambiante y dinámica. La mirada estratégica de mediano plazo, la prospectiva, la anticipación de los escenarios del futuro, los vínculos internacionales, el análisis reflexivo y profundo de la coyuntura, la elaboración de las convicciones y de los fundamentos de las acciones de gobierno, el cultivo de las emociones, la tradición de los padecimientos y las alegrías compartidas, la construcción de la memoria partidaria, la evocación de los referentes claves en la historia propia, a todos los niveles, nacionales, departamentales o locales, las directivas de acción que se convierten en grandes movilizaciones, la formación de los nuevos cuadros políticos y de gobierno, el impulso a los liderazgos emergentes, el ensamble con las generaciones de recambio, ¿dónde y quién los hace si no la fuerza política? La inserción y porosidad de la fuerza política en la sociedad y su vínculo con el gobierno brinda un canal privilegiado de comunicación, en ambas direcciones, de la gente al gobierno y del gobierno a la gente, en materia de iniciativas populares, críticas, demandas, apoyos, clima y estado espiritual. ¿Quién no sabe que una encuesta no puede dar lo que comunica un militante con inserción social fuerte? ¿Quién ignora que los nuevos códigos y culturas de los jóvenes resultan incomprensibles si no se interactúa y habita en lugares compartidos, de la manera que fuere?
El FA ha seguido en funcionamiento luego de ganar las elecciones, pero su atonía, su falta de voz ha sido muy importante. Debemos introducir un giro, modificar el curso de acción. Ser diferentes y mostrar que somos diferentes. El reglamento marca elecciones internas y dentro de dos domingos habrá una nueva cita de todos, pero no puede consistir en un ritual. Habrá 15 listas nacionales que expresan a 28 grupos políticos, y centenares de nombres propuestos por las estructuras del movimiento, para integrar el Plenario Nacional y los plenarios departamentales. Las máximas autoridades hasta 2009. Cada uno, con absoluta legitimidad, tratará de obtener la mayor cantidad de votos. Pero más allá del resultado que logre cada cual, lo más destacable será el producto colectivo. La ratificación de la unidad en la diversidad, el destaque de los matices que probado está no inhabilitan la acción colectiva desde el gobierno o la oposición.
Estas internas llegan en un punto de inflexión del período: el bloque conservador ha aumentado la dureza de sus respuestas al cambio social impulsado desde el gobierno. Pretende su aislamiento, cuestiona la legitimidad de sus decisiones y busca erosionar su base social en sectores empresariales y populares.
La izquierda, contra muchos pronósticos, ha sido capaz de resistir la tentación de los perfilismos que procuran réditos electorales en la contienda interna al costo del patrimonio común, los que resultan dañosos principalmente para la gestión gubernamental.
A partir de los resultados, habrá sesudos análisis sobre ganadores y perdedores, e interpretaciones de apoyos y críticas a gestiones concretas. Pero, a mi juicio, eso no será lo más importante. Lo verdaderamente importante consistirá en el despliegue de una organización con vocación de acción política permanente, ofreciendo el ejercicio de la democracia directa a su gente. El acto electoral demandará un importante esfuerzo organizativo y movilizador de la coalición y el movimiento, activándolos para otras tareas que vendrán. En un país en el cual las cúpulas políticas se eternizan y los liderazgos tienden a ser vitalicios (y también hereditarios), cuando ni las peores derrotas dinamizan los procesos de renovación, el ejercicio de la democracia interna resultará un viento fresco y una inspiración para los uruguayos. *
(*) Senador
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