Razones de la victoria de Lula
En artículo anterior llamamos la atención sobre la importante victoria de Lula en el primer debate electoral que se realizó para inaugurar la campaña de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Los sondeos electorales que se sucedieron demostraron esta apreciación. Lula amplió considerablemente su apoyo, pasando del 49% de los votos a los 57%, mientras Geraldo Alkhmin redujo sus votos del 41% al 37%. Así vemos que Lula absorbió gran parte de los votos de Heloisa Helena y Cristóbal Buarque (sus opositores desde la izquierda) y Geraldo Alkhmin perdió votos entre sus propios electores.
Como vimos, su conducta autoritaria, agresiva y despectiva reveló a gran parte de la población que no lo conocía, su condición de clase que se hizo más evidente cuando Lula definió claramente a su partido como el responsable de la privatización que debería continuar como parte esencial de su programa. Conforme declaraciones de ex ministros de Fernando Henrique Cardoso sería necesario privatizar por lo menos la Petrobras y el Banco do Brasil para finalmente estabilizar la deuda interna brasileña, por ellos creada artificialmente en función de los pagos absurdos e injustificables en cualquiera manual de economía incluso neoliberales de los más altos intereses del mundo para financiar un presupuesto que siempre presentó superávit.
La única explicación para la euforia privatista de la derecha son las comisiones y otras remuneraciones asociadas a las ventas de las empresas públicas. Al poner el dedo en esta llaga de la derecha, Lula definió claramente el contenido hipócrita de la campaña de Geraldo Alkhmin a favor de la ética en la política y sus histéricas exigencias de que Lula prestara cuentas a la población sobre posibles y mal probados desvíos de recursos del Partido de los Trabajadores. Los cuales se supone tener por origen recursos públicos no comprobados.
Quedó claro también que el programa de la derecha no ofrece al país ningún cambio significativo y pone en riesgo las políticas sociales en curso, así como la expansión de las exportaciones que se apoya en una política externa por ellos torpemente criticada, así como una política industrial, comandada por el Bndes, que ellos rechazaron en su gobierno en nombre de las mágicas calidades del libre mercado.
Lula pudo presentar también un avance de la educación en general y en particular de la educación superior y técnica. Si el ex presidente y profesor universitario Fernando Henrique Cardoso no creó ninguna universidad en el país, el obrero Lula creó 10 y el médico Geraldo Alkhmin deberá seguir su jefe político que acepta los argumentos del Banco Mundial en contra de la educación universitaria en el Tercer Mundo.
La verdad es que sin el clima histérico generado por la campaña contra la corrupción del PT, llena de falsas acusaciones, mientras la policía federal y la justicia no llegan a resultados concretos, la derecha, no solamente en Brasil como en toda América Latina, tiene muy poco que ofrecer. Sus representantes asumieron el poder autoritariamente a través de los gobiernos militares en las décadas del 60 y el 70 y dejaron un rastro de estancamiento del crecimiento, concentración de ingreso, exclusión social, dependencia y falta de perspectiva para nuestros pueblos que no los desean más en el poder por ninguna razón.
Alcanzadas las libertades públicas y la democracia, algunos representantes de la derecha consiguen victorias electorales a través de falsas promesas de abandonar las políticas neoliberales en las cuales basaron sus gobiernos. Sin embargo, sus candidatos llegaron al poder en el período democrático a través de «golpes electorales» que consistieron en negar el neoliberalismo en las elecciones y practicarlo en el gobierno. Desgraciadamente, lograron incluso hacer embarcar una buena parte de la izquierda en esta conspiración antipopular.
En este nuevo cuadro, la campaña electoral en Brasil va adquiriendo un carácter vacío. Si es verdad que a la mayoría de la población le gustaría un compromiso más decidido de Lula con una política económica de crecimiento y profundo cambio social, ella ahora sabe claramente que la oposición de derecha tiene muy poco o nada para ofrecer. Existe mismo la fuerte convicción que su gobierno retomaría el asalto a la propiedad pública, los altos intereses, el corte de los gastos sociales, las aventuras económicas neoliberales.
El último debate Alkhmin cambió de táctica para bajar el tono agresivo que tantos votos le sacó, según los sondeos, y convirtió su discursos en un aburrido y mediocre programa de gobierno, sin convicción, sin fundamentos, sin sinceridad.
Todo indica por lo tanto que Lula camina hacia una victoria merecida. El supo apuntar las llagas del adversario y mostrar los avances modestos pero importantes que realizó en el gobierno. Falta solamente que va hasta el final y recoja la voluntad de cambio de nuestro pueblo y el sentimiento de que esta es la oportunidad ideal para salir del atraso y del subdesarrollo. Lula puede deflagrar otra vez las enormes esperanzas que logró representar en su primera elección. El país está listo para trillar este camino con el apoyo de toda América Latina. *
(*) Profesor titular de la UFF, Director de la REGGEN (www.reggen.org.br).
Compartí tu opinión con toda la comunidad