La importancia escondida del etanol
Brasil es la Arabia Saudita de la biomasa» (Paulo Fernando Isabel dos Reis, coordinador del Area de Células a Combustibles de Petrobras).
Es verdad: somos vecinos del mayor productor pasado, presente y futuro de energía en base a biomasa.
Brasil, teniendo petróleo, hace más de dieciséis años que, por Ley, mandó poner alcohol (etanol) en sus autos. Desarrolló de ese modo una pujante tecnología, subsidió el azúcar de sus ya casi imbatibles cañas, radicó gente en el campo, y se transformó en el principal exportador mundial de etanol, en la vanguardia tecnológica mundial en materia de su destilación y en la construcción de vehículos (y sus motores) movidos por ese combustible.
Nosotros, que nos adelantamos en eso a Brasil construyendo El Espinillar a fines de la década de los cuarenta para producir etanol, destruimos El Espinillar retrocediendo decenios y ahora recién podemos volver a empezar con ALUR en Bella Unión.
Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Pero: ¡Qué crimen!
Sin embargo volvemos a correr el riesgo de quedarnos nuevamente atrás.
No se trata sólo de la importancia estratégica escondida del etanol sino de la de muchas otras fuentes de energía a la luz de una realidad que será dentro de muy poco insoslayable: la maravilla del hidrógeno.
En esa carrera están las grandes empresas petroleras, las grandes fábricas de automóviles y las grandes empresas eléctricas públicas y privadas.
Islandia ya funciona, energéticamente hablando, en base al hidrógeno. Financian el experimento, no sólo el gobierno de ese país, sino las grandes entidades empresariales reseñadas.
Una manera de obtener hidrógeno es por hidrólisis. Hablando en bruto: si a una pileta de agua (H2O) le ponemos dos varillas de cobre en cada punta (ánodo y cátodo) y hacemos pasar por el agua energía eléctrica (es igual a un «zoom» para calentar agua) observaremos que el agua comienza a ir desapareciendo lentamente mientras que (no visible pero real) desde ambas varillas se irán desprendiendo gases: por una oxígeno y por la otra hidrógeno. Ambos pueden ser fácilmente recogidos mediante «campanas» parecidas a las que usa un taller mecánico para los gases de la piedra de «carburo» en la soldadura autógena.
La «magia» está en que si luego «metemos» ese hidrógeno puro en un recipiente ventilado, podremos observar que se forma nuevamente agua (al combinarse con el oxígeno de la atmósfera) generando energía eléctrica que se «colecta» también por dos varillas y que puede ya sea cargar baterías, mover un motor o brindar luz.
Todos dirán: ¡Pero eso no es más que una forma de guardar energía eléctrica desde que para producir la reacción fue necesario introducir energía eléctrica!
Es verdad pero no es por eso poca cosa: las represas hidroeléctricas por la noche o los generadores eólicos cuando hay demasiado viento podrán de ese modo (en vez de «tirar» agua sobrante o detener las aspas) aprovechar la energía del agua o del viento, almacenándola en forma de hidrógeno.
Hasta aquí una parte muy interesante del asunto.
La otra es que el hidrógeno también se puede obtener de otros modos.
Según dicen los químicos (a quienes debemos creerles por fe) el etanol se compone de: CH3CH2OH. No estamos en condiciones de explayarnos al respecto pero, rompe los ojos, que está lleno de hidrógeno.
Si se logra «reformar» el etanol (mediante un aparato llamado «reformador») y «sacarle» el hidrógeno en forma pura, resultaría que la caña de azúcar de Bella Unión, la paja del arroz, el sorgo dulce, la remolacha y otras tantas fuentes parecidas (biomasa) abundantísimas en el Uruguay si así lo queremos, pueden ser fuentes inagotables, renovables y sustentables de hidrógeno sin el aporte de energía eléctrica.
Con la dimensión, selvas, y tierra que tiene Brasil no es para nada exagerado aseverar que es una Arabia Saudita de la biomasa.
Porque el petróleo se acaba, porque ya no se soporta el «efecto invernadero» producido por la quema de combustibles fósiles y porque el hidrógeno, además de producir motores eléctricos silenciosos, no emite ni CO2 ni CO a la atmósfera… Y cuando los emite en los citados «reformadores» pueden ser recuperados y producir, encima, materia prima para la fabricación de neumáticos.
Pero esa riqueza de hidrógeno no sólo reposa en el etanol sino también en el metanol, en los gases residuales de toda refinería, en el gas natural, en diversos efluentes hoy contaminantes de variadas industrias (entre ellas la láctea con lo que hasta las vacas lecheras pueden producir energía), en los basureros, en el biodiesel, en los combustibles fósiles, etcétera, con el agregado de que un motor funciona con mayor eficiencia energética si usa solamente el hidrógeno contenido en dicho contaminante combustible fósil.
Es un «negocio redondo» por el lado que se lo mire, ganando a su vez, los «certificados de carbono» correspondientes por cumplir con los requisitos del protocolo de Kyoto.
Es por todas esas razones que las poderosas entidades estatales y privadas citadas anteriormente, auspician universidades en todo el mundo, para el desarrollo de éste, que ya nadie discute será el «combustible» mundial del futuro y empezará a serlo dentro de muy pocos años.
¿Las Universidades uruguayas tanto públicas como privadas no estarán perdiendo el tren otra vez?
Brasil, para nuestra envidia, desarrolla en estos momentos una infinidad de proyectos de investigación y aplicación tanto públicos como privados, a nivel federal y a nivel estadual con grandes avances. Ya hay en ese país ciudades, empresas, flotas vehiculares (ómnibus y autos) y hasta edificios y casas particulares que, en el marco de la investigación estratégica pero sabiamente descentralizada («ábranse mil flores…») viene desarrollando con, debemos reconocerlo, Petrobras en la punta. Aparente paradoja: la empresa del petróleo y del gas, ahora también generadora de energía eléctrica, investiga, desarrolla y fomenta la aparición de otras formas de combustible y almacenamiento de energía.
Ha logrado construir «reformadores» de gran eficiencia y se encuentra en la etapa de transformarlos en un «producto» comercializable aunque ya ha vendido algunos a España (para uso del programa espacial español).
Dispone de «reformadores» domiciliarios que siendo no más grandes que una «lavadora» generan energía eléctrica en base al gas natural que recibe esa casa por la cañería ciudadana.
Observemos un «milagro»: ese vecino no le paga absolutamente nada a la UTE (ya no la necesita) pero al mismo tiempo, de noche o cuando no está, le vende energía eléctrica a la UTE.
Lo mismo podría hacer cada auto a hidrógeno mientras está estacionado en cualquier lado.
Lo mismo un chacarero con biomasa hoy «sobrante».
Se trata de una revolución absolutamente ineludible y segura a mediano plazo: la generación distribuida (ese es su nombre técnico).
Pero si UTE impide, o no quiere, el vecino producirá hidrógeno en esas mismas horas. Hidrógeno que venderá en las Estaciones de Servicio para los autos que, dentro de muy poco, sólo andarán a hidrógeno.
Así como hoy los tamberos chicos ponen sus tachos de leche en la carretera para que el camión recolector los lleve, mañana pondrán la garrafas llenas de hidrógeno para la futura «Conaprole» de la energía.
Muchachada joven: ¡Saquenseló con peine fino y aprovechen!
No le hagan caso a los viejos de espíritu. Se acabó una Era. Comienza otra.
Que no nos pase como ahora, cuando venimos a descubrir que a Uruguay le falta
n ingenieros en informática, que esa calamidad traba el desarrollo de dicha industria, que a lo mejor tenemos que traerlos de otros lados.
El futuro de ustedes, no el nuestro, pasa por ciertas carreras y por ciertas Facultades. No pasa, de ninguna manera, por las más concurridas.
La otra tarde, en el Senado, se votó una Ley que contenía ecuaciones matemáticas de simple comprensión en el planeta.
Un grande, serio y locuaz jurisconsulto nacional, ex vicepresidente de la República por más señas, argumentó airadamente que eso no era admisible porque entre otras cosas, con esas ecuaciones era imposible para los abogados, fiscales y jueces, la debida «inteligencia» de la Ley.
Es verdad: la aseveración profundamente reaccionaria reconoce el fracaso y la ignorancia supina de una «civilización uruguaya».
En realidad, el mundo actual les resulta ininteligible: no saben despejar una ecuación de segundo grado. Fueron mutilados y quieren que todos lo sean. Como Millán Astray. *
(*) Senador
Compartí tu opinión con toda la comunidad