Con los realojados del asentamiento "25 de Agosto"

"Lo principal es que ahora mis hijos están contentos…"

Hoy los cantegriles pasaron a denominarse «asentamientos» y según las cifras que arrojó el meticuloso relevamiento elaborado por el Instituto Nacional de Estadística que nos facilitaron en el Mvotma, en abril de 2006, existían en Montevideo 412 asentamientos en los que viven 144.707 personas y, en todo el país, se totalizan 676 con 195.772 habitantes.

Así pues, sólo en Montevideo, en medio siglo de gobiernos blanquicolorados y dictadura, la cantidad de uruguayos que pasaron a residir en esas precarias viviendas se multiplicó por ciento sesenta y tres, constituyendo el once por ciento de la población de la capital De por sí, estos guarismos son más que suficientes para poner en evidencia las consecuencias de una política que llevó al Uruguay a esta catastrófica situación. El realojo de los casi mil quinientos habitantes del ex-asentamiento «25 de Agosto» es una muestra de cómo el gobierno que asumió hace un año y medio está encarando, con hechos y no con palabras, la solución de este gravísimo asunto. Tarea en la que el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y medio Ambiente (Mvotma) trabaja en estrecha colaboración con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y las intendencias municipales de los diecinueve departamentos, y en Montevideo, también con los Centros Comunales Zonales, en este caso con el CCZ 13.

 

Doscientas noventa familias

Son tres los conjuntos habitacionales en los que fueron reubicadas las doscientas noventa familias del «25 de Agosto». El más grande, con 226 viviendas, se conocido como «Realojo Edison», en el Barrio Lavalleja. En el mismo barrio, en el «Realojo Behering», pasaron a vivir otras treinta y dos familias, con seis o más integrantes cada una. Las restantes, otras treinta y dos, que tenían carro y caballo y que requerían de algo distinto para poder seguir ganándose la vida como «clasificadores», fueron mudadas al «Realojo Durán», en Peñarol, con espacio donde guardar carro y caballo. Junto a este realojo la Intendencia Municipal de Montevideo construyó lo que se llama un «Eco-Punto». Se trata de una instalación con un amplio piso de hormigón pulido donde llega la gente de los carritos con su carga y allí proceden a realizar su labor de «clasificación». Lo que finalmente ya no les sirve, lo depositan en contenedores que son vaciados todos los días por camiones de la Dirección de Limpieza de la IMM. Además, el Eco-Punto cuenta con «boxes» con instalaciones para bañar a los animales y lavar los carros. Vuelven pues a sus nuevas casas, con carro y caballo limpios.

 

La gente desconfiaba…

Rosa Sellanes es la presidenta de la Junta Local del Centro Comunal Zonal 13, Desde hace cinco o seis años viene impulsando la organización y movilización de los habitantes del «25 de Agosto», acompañándolos y asesorándolos en las gestiones ante el Mvotma y la IMM. Asegura que para que las cosas salgan es necesario involucrar a la gente. Eso –dice a LA REPUBLICA— fue muy difícil al principio, porque antes del primero de marzo de 2005 en el Ministerio de Vivienda siempre les estaban dando largas al asunto de la construcción de las viviendas. En ambas orillas del Miguelete existen numerosos asentamientos, con muchos miles de habitantes. Son amplios terrenos municipales que serán integrados al Parque Lineal, con el que culminará las obras del saneamiento de la cuenca de este curso de agua. Por consiguiente, todos esos asentamientos deberán ser realojados. Pero la gente desconfiaba. Rosa Sellanes recorrió durante años rancho por rancho, vivienda por vivienda. La gente empezó a integrarse, o organizarse. Entre ellos destacaba María García, a la que todos los del «25 de Agosto» llaman Mari.

 

«La cosa venía bien brava…»

María García recibió a LA REPUBLICA en su nueva casa, en el «Realojo Edison». Ahora es presidenta de la Comisión de Vecinos (con carácter de Sociedad Civil) que se ocupa de los muchos asuntos y problemas que tiene la gente. Nos cuenta que por el año 1995, su esposo, el albañil Carlos Da Silva quedó sin trabajo. Alquilaban una casa en Colón donde vivían con sus diez hijos y una sobrina. Total, trece personas. Ya no pudieron pagar el alquiler. Fue entonces que alguien les pasó el dato de que en el «25 de Agosto» vendían una casa hecha de materiales. Con lo último que lograron juntar, la compraron. porque en los asentamientos, las viviendas buenas, regulares o hechas de puras chapas viejas, se compran y se venden. No hay título de propiedad ni puede haberlos, porque los terrenos son del estado o son privados pero todos han sido ocupados irregularmente. En realidad, lo que se paga es el reconocimiento a un derecho de vivir bajo un techo. Como en todas las demás viviendas, la luz eléctrica era «enganchada», al igual que el agua.

«Recién tres años después, en 1998, y con la ayuda de Rosa y el Centro Comunal 13, empezamos a relacionarnos los vecinos. Fue a través de la interbarrial, por el tema de la seguridad, porque la cosa venía muy brava. Cuando surgió el asunto del realojo, de que nos iban a llevar a otro lado, la gente ni creía ni quería. Porque además, algunas casas, como la mía, estaban bien hechas. No crea que todo era rancho de lata, aunque la mayoría sí lo eran. Y agregue usted la cantidad de caballos de los clasificadores y que allí mismo trabajaban la basura… Y en verano, imagínese, con todo eso…»

Agrega María García: «Después aparecieron casos de plombemia. Y vinieron los técnicos de la Intendencia y dijeron que era por la quema de cables para sacar el cobre, lo que había contaminado la tierra… Y los gurises, porque algunos ranchos ni piso tenían. así que se contaminaban»…

 

«Arana vino a hablar con nosotros…»

María sigue contando a LA REPUBLICA que con la anterior administración el asunto de las nuevas viviendas no avanzaba. El ministro de entonces nunca nos recibió. Cuando Arana fue nombrado ministro de la Vivienda y medio Ambiente, las cosas cambiaron. Vino varias veces ha hablar con nosotros al «25 de Agosto». Pero, ¡qué quiere que le diga!, la gente recién se convenció cuando el mismo Arana vino hace un año a entregarnos las llaves en este «Realojo».

María García nos informa luego que la mayoría de las familias del «25 de Agosto», también ella» han sido integradas al Plan de Emergencia, el Panes, del Ministerio de Desarrollo Social. Cobran el Ingreso Ciudadano de 1438 pesos mensuales y tienen la tarjeta del Plan Alimenticio, con la que pueden hacer compras por sumas que varían según la cantidad de hijos menores. A ella, que tiene tres, le asignaron una tarjeta para 600 pesos al mes. Agrega que están participando con mucho entusiasmo en el plan que el Mides está llevando a cabo en coordinación con el Mvotma, y por el cual les entregan materiales para agregarle una o dos piezas a la pequeña casa que recibieron. El Mvotma ayuda además con mano de obra especializada, a través de convenios con el Sinca y ellos aportan el trabajo de peón.

 

«Ahora mis hijos  están contentos…»

Mientras conversamos con la dueña de casa, a cada momento acuden vecinos, especialmente mujeres, para plantear diversos asuntos que requieren atención inmediata. Una de ellas se llama Elida Moreira.

Le cuenta a LA REPUBLICA que vivió trece años con su esposo y cuatro hijos en el «25 de Agosto», a orillas del Arroyo Miguelete. Con los escasos ingresos que saca su marido en changas en ferias y la limpieza que ella hace una vez por semana, no pudieron seguir pagando el alquiler. Así que no tuvieron más remedio que «comprar» algo en un asentamiento. Durante seis o siete años no hubo solución a las gestiones por viviendas, pero las cosas cambiaron con el nue
vo gobierno y ahí están, también ellos, en el «Realojo Edison». También fue incluida en el Panes y cobra los 1.438 pesos mensuales; tiene una tarjeta para alimentos por 300 pesos y esperaba para el día siguiente al camión contratado por el Mvotma con los materiales para agregar dos piezas a su casa. Se presentó al sorteo del programa «Trabajo por Uruguay», pero no salió favorecida. Espera tener más suerte en la próxima convocatoria, porque eso le significaría un trabajo por cinco meses y con una paga que es el doble del ingreso ciudadano.

Le preguntamos a Elida Moreira qué cambio había percibido ella como el más importante. «Qué quiere que le diga –nos responde–. Para mí, lo más importante es el cambio que tuvimos en nosotros mismos…»

El mismo pensamiento, pero con otras palabras, es lo que contestó a LA REPUBLICA Sandra Dos Santos, de 37 años, madre de 3 hijos pequeños, a quien encontramos tomando mate a la puerta de su vivienda: «Mire, es un cambio tremendo porque, ¿sabe usted?, ahora mis hijos están contentos…» *

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