Revelación facial
Y el presidente Vázquez habló.
Se hizo sentir, no hay duda. Y las repercusiones, bueno, como siempre y al decir de Camilo Cela, «van por provincias». Yo, en medio del abundamiento, traté de captarlo todo. Qué pena: ese todo se me presentó acribillado de tecnicismos económicos casi esotéricos o de consideraciones políticas con olor a rancio.
Por eso he preferido el intento de comprender algunas reacciones describiendo como si las fijara en un sublime instante- las expresiones (que quizás sólo las he imaginando) de ciertos rostros al momento de recibir la novedad presidencial.
Astori: acentuación, con clara tendencia descendente, de las arrugas verticales que enmarcan su generosa capacidad bucal; ligera sequedad de labios y brevísimo temblor del párpado derecho.
Gargano: elevación sincrónica de las pobladas cejas e idéntico movimiento de los pómulos, enmarcando una media sonrisa que no deja ver los dientes; brevísimo temblor del párpado, pero el otro.
Lepra: ligero temblor arrítmico de la mejilla derecha, con respiración contenida y discreta contracción del área ocular; pequeño tic en la comisura de la boca, también la derecha.
Mujica: acrecentamiento del brillo de los ojos, disimulado porque la barbilla se hunde en el pecho mientras se eriza levemente el bigote; los labios, apretados, no permiten saber si está o no la prótesis.
Brovetto: gesto indefinido, lentes peligrosamente cerca del fin del apéndice nasal; la boca se abre ligeramente, como si fuese a emitir sonidos, y luego se cierra serenamente, en paz.
Batlle: los ojos escapan de las órbitas, la boca se convierte en un redondelito tenso que va palideciendo hasta quedar blanco; la oreja derecha, como impelida por un resorte, baila y deja caer una caravanita con la cara de Bush.
Larrañaga: enrojecimiento facial paulatino que comienza en el cuello y sigue por las mejillas; el mentón emerge, desafiante, se agita el jopo, pero la cara se torna más y más colorada.
Mieres: no lo vi. *
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