No tiene gollete
El tipo dio recetas, atendió en policlínicas de tres departamentos, se hizo pasar por integrante de «Médicos sin fronteras» y utilizó un avión de la Fuerza Aérea para trasladar pacientes. Lo descubrieron y, ya procesado, siguen lloviendo denuncias de incautos que lo padecieron.
Ese tipo tiene veinte años
Hay dos posibilidades: una, que se trate de un genio de esos que aparecen cada tanto, como Maradona, aunque en este caso lo sería de la manipulación social; otra, que la sociedad uruguaya, quizás no suficientemente resguardada por controles oficiales, peca de una ingenuidad escalofriante. No son posibilidades excluyentes. Es más, quizás han convergido para permitir el estropicio.
Esto me ha hecho recordar una viejísima anécdota absolutamente verídica- de cuando yo era adolescente y vivía en San José. En un tablado se presentó un tipo disfrazado como el Zorro. Antes, circuló una insólita versión: era Gardel, que había sobrevivido al accidente de Medellín con heridas terribles y, luego de varios años de meditación, había decidido volver a los escenarios ocultando sus deformidades. ¡Y unos cuantos nos lo creímos! Esa noche hubo ahí alrededor de doscientas personas. Algo peor: recién nos convencimos del grotesco engaño cuando el tipo empezó a cantar. Parecía el contador Damiani. O el Coco Basile.
Está bien: ocurrió en el interior, hace largo tiempo. Pero a juzgar por los garrones que muchos se siguen comiendo, las cosas no han cambiado tanto.
En fin, humor aparte, parece indispensable, si hablamos de médicos y no de cantores fantasmas, que sean verosímilmente eficaces controles que hoy se advierten algo anémicos. De otro modo, la indefensión de la sociedad, más aún si no puede con su ingenuidad, habrá de adquirir proporciones de catástrofe.
Otra cosa: si es cierto que este muchacho hizo todo lo que dicen que hizo, quedando a un paso de causar una tragedia, y lo procesan sin prisión, bueno, la emulación no perderá dividendos. ¿Se pensó en esto? *
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