Una clase
Ayer fui sorprendido gratamente por una llamada del senador Korzeniak. Acababa él de leer mi columna (el Espíritu Santo lo ampare, es un hombre santo) y advirtió un par de errores de esos que suelo cometer en días húmedos.
Le agradecí con respeto y un tono efusivo que toleró por su amabilidad y amplitud de criterio. Quedamos como chanchos.
Primer error: la venia para designar al fiscal de Corte requiere tres quintos de votos del Senado y no dos tercios como yo escribí (seguramente se me corrió el coágulo cerebral en ese momento); la diferencia no es poca: si fuesen dos tercios, al oficialismo le faltarían cuatro votos y no dos.
Segundo error: no se está buscando «alguna modificación legal» que permita la venia sin los tres quintos, como también escribí; sería constitucionalmente imposible. Es otra cosa. Se ha pensado en agregar a la ley que regula la subrogación temporaria del fiscal de Corte una figura que admita la designación interina, hasta lograr la venia para la persona propuesta u otra. Korzeniak añadió que la subrogación no puede seguir operando, ya que terminó el sumario que impedía ejercer el cargo al subrogado –Oscar Peri Valdez– y éste se jubiló. Por otra parte, el actual subrogante cumplirá 70 años en breve y deberá retirarse.
Una clase magistral. Pero algo quedó en pie de mi columna. Mi interlocutor compartió la inquietud que allí expresé por la falta de entendimiento entre las personas, sobre todo actores políticos, pese a que delante de sus ojos las cosas estén muy claras. Yo imputé esa patología a una suerte de jaque al verbo: o no se hablan, o no se entienden. Y el que sufre es el país, que ve aún vacío un cargo esencial al sistema de derecho.
Korzeniak admira a Bertrand Russell, como un servidor. Bueno, si no recuperamos la capacidad persuasiva del lenguaje hablado estamos perdidos, porque, como decía el gran librepensador, es el principal hábito que nos hace superiores a los animales que sólo braman, rugen, mugen, ladran o cacarean.
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