Donde hubo fuego
Los ha puesto los pelos de punta saber (por confesión del autor) que no habiéndole preocupado antes el tema «tupamaros» (más bien todo lo contrario), sufrió una especie de iluminación académica cuando tomando mate en su casa vio por TV la ceremonia de juramento parlamentario del 15 de febrero de 2005. Tal fue el impacto -dijo- que terminó viéndola de pie.
Los pelos van de punta porque haya en Uruguay un politólogo licenciado en 1996 y magister en Ciencia Política de la UdelaR en 2002 que se ocupe de los tupamaros recién porque tienen votos y salen en TV…
Dice que a partir de ese trance le preguntó a un amigo qué libros podría leer al respecto y, aprovechando sus vacaciones, los llevó consigo a Santa Lucía del Este.
Lo peor de todo es que leyéndolos (eran pocos para nuestro gusto) descubrió un tema a su juicio importante.
Vendría así a demostrarnos una vez más a los tupamaros, el acierto de nuestra proverbial desconfianza en los intelectuales compatriotas, de la que Garcé, además, deja constancia en el libro producto de su vertiginosa investigación.
Porque si los politólogos sólo se ocupan de lo que sale por TV o de lo que tiene muchos votos, estamos fritos.
«Las grandes ideas – dice Nieztche- vienen siempre en silencio». «Las malas también…» – agrega Vaz Ferreira.
Porque lo cierto es que los tupamaros existían -y con notoriedad – mucho antes de salir en TV.
Salvo que la politología sea nada más que una crónica superficial y atrasada. Lo que ya es perpetrado suficientemente por los diarios del lunes.
Pasando a otra cosa quiero hacer unos aportes (no críticas) al libro.
1989 es pasado demasiado rápido.
Allí se anudaron varias encrucijadas a saber:
*El asalto al cuartel de la Tablada en pleno enero con graves repercusiones internacionales y en Uruguay.
* La enfermedad y muerte de Raúl Sendic. Su imponente velatorio y sepelio (un hecho de masas del que muchos analistas intentaron dar cuenta).
* La larguísima campaña electoral y el referéndum (16 de abril) contra la ley de impunidad con todas sus consecuencias. Ese día hasta los anarquistas votaron, mostrando que como el Uruguay no hay.
*El intento más grave de liquidación del FA (hasta la fecha) que consistió, entre otras cosas, en la escisión de su grupo mayoritario acompañado por el PDC (febrero de un año electoral y a pocas semanas del referéndum). El PDC era el único grupo que vetaba el ingreso del MLN (T) al FA con lo que yéndose abrió la puerta.
* El nacimiento y el ingreso al FA del MPP, la Vertiente Artiguista, el 20 de Mayo, el MLN (T)…
* El ingreso en silencio (a lo Nietzche) de un tal Tabaré Vázquez.
* Y cuando después de todo eso nadie daba un cobre por el FA (los politólogos menos): el primer gran triunfo electoral de la izquierda uruguaya. El FA gana la IMM. Tabaré Vázquez sale en TV.
La influencia de estas cosas fueron obvias.
Dicho de paso: es la primera vez que los tupamaros participan directamente como tales en dos campañas electorales decisivas: una la pierden por poco. Otra la ganan. En una lloran. En la otra festejan. Queda roto el mito de que el ingreso de los tupamaros le restará votos al FA.
Los poderosos medios de prensa del MLN (T), fueron puestos (a un altísimo costo) al servicio de esas enormes campañas populares, siendo por todos reconocido su vital aporte.
Garcé pasa también muy velozmente por el año 1992.
Es en ese año que nacen abajo, en la base social y en el interior (en silencio) dos cosas: los votos para un posible triunfo y el Encuentro Progresista.
La rajadura del mapa electoral clásico es producida por la votación de la lista 2 en las primeras elecciones para el delegado de los jubilados en el BPS. Colotuzzo arrasa a los candidatos de los partidos tradicionales con un chaparrón de votos salidos del Interior.
Don Andrés Cultelli, cofundador de la Onajpu, cumple en ello un papel relevante.
Y dos meses después, el 13 de diciembre de 1992 un referéndum aplastante detiene la privatización de las empresas públicas
Caso único en América y creemos que en el mundo.
Dos nuevas campañas y dos nuevos festejos.
Pero en estos dos casos, los tupamaros anduvieron codo a codo, especialmente en el interior, con muchos blancos y colorados.
El intendente de Cerro Largo, un tal Nin Novoa, encabezaba la marcha final junto a quien habla en Melo contra la de Villanueva Saravia. La música era la Marcha Tres Arboles y junto a la gente, las motos, las bicicletas, los autos y los camiones, galopaban potros con jinetes de poncho blanco que gritaban ¡Viva la Patria! (y algunos para nuestra sorpresa asfáltica tiraban tiros al aire delante del comisario que también gritaba como si tal cosa…).
A esa altura había que ser intelectualmente ciego para no ver el Frente Grande.
Las reflexiones más hondas volvían al plebiscito de 1980.
Otro único caso mundial también electoral.
Garcé pasa sin verlo, por el segundo grave intento de romper al FA. Nos referimos a la honda crisis de fines de 2003 y principio de 2004 (muy poco tratada por la Academia).
Da cuenta en su libro de que Fernández Huidobro integra el llamado OCP (más conocido como «los doce apóstoles») que salvó al FA del quiebre y montó una precaria unidad amenazada. Da cuenta pero no explica tan extravagante e insólito Ãrgano urgentemente creado. Es verdad: daría para otro libro.
En esa crisis los tupamaros decidieron juntos con otros ser «soldados de la unidad» poniéndose a las órdenes de Seregni para salvarla.
Fuimos insólitos monjes apaciguadores y negociadores entre temibles fuerzas centrípetas: todas ellas «moderadas».
La pelea no era entre radicales y moderados, sino entre Tabaré Vázquez (y gran parte de su equipo en la IMM con los apoyos políticos correspondientes) y el triunvirato Rodríguez Camusso, Astori, Seregni.
Fue una de las instancias políticas más duras que nos haya tocado vivir. De ella me bajaron los escopetazos de quienes en ese entonces hegemonizaban la interna del MPP: Sarthou y Zabalza. Y, para no herir susceptibilidades en año electoral nos autorecluimos en cuarteles de invierno.
Se oponían dos estrategias (y dos candidaturas).
El retiro de Rodríguez Camusso, la creación del EP, la creación de Asamblea Uruguay (Astori deja de ser senador independiente electo por todos) y la candidatura Tabaré-Nin, que desplaza a la anterior (no sin una feroz resistencia) fueron algunas de las consecuencias.
La piedra de toque fue la reforma constitucional acordada y apoyada por «el triunvirato» con ambos partidos tradicionales.
Esa tajante discrepancia constitucional y estratégica dio origen unos años después a la dramática renuncia del General.
«Los doce apóstoles» fueron en realidad nueve contra tres.
Aquella elección de 1994 fue un triple empate producido gracias a Hugo Batalla. Sanguinetti ganó por un pelo de Fau.
La maniobra comenzada en febrero de 1989 se consumó en 1994. Si a ello agregamos la reforma constitucional de 1996 (el balotaje) podremos concluir con racionalidad que el triunfo electoral de la izquierda recién en 2004 fue demorado por diversas maniobras políticas que casi siempre operaron desde el Partido Colorado en la interna del FA para romperlo.
Lo más agredido y amenazado desde muchísimos años a la fecha no ha sido el MLN (T), sino el FA o sea, la mejor herramienta inventada y construida hasta hoy por el pueblo para defenderse. Ahora, por fin en el gobierno, es y será agredida por la derecha desde la izquierda y la derecha.
Está en la tapa del manual.
Y esa «novedad» (que no lo
es porque siempre fue así) debe ser bien conocida para evitar por lo menos la sorpresa.
Por último, por ahora: Garcé descontextualiza (sin intención debido a la velocidad).
Al libro ampliado (próxima edición) debería (deseo de un ávido lector de Garcé) agregarle qué pasaba mientras tanto no sólo en la ex URSS y sus satélites sino en El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil (especialmente Brasil), Venezuela, etcétera.
Para que se tenga una idea, en abril de 1999 (paréntesis entre las tres campañas electorales de ese año) estuvimos en Venezuela para presenciar el flamante gobierno obtenido por Chávez con irreprochable e imponente mayoría electoral. Vueltos a casa dimos sobre ese tema una charla en el MLN(T) afirmando entre otras cosas que ese era un gobierno no sólo de izquierda sino hasta revolucionario…¡Casi me matan! En realidad: «seguía estando loco».
¿El argumento principal?: «Chávez es milico».
No olvido la fecha porque esa misma noche, al salir de la sede del MLN(T) descubrí que me habían robado la moto (una «Hero»).
Los chorros se la llevaron de la puerta del temible bastión.
La «seguridad tupamara» vio pasar al ladrón -de casco- en mi moto y lo saludaron convencidos de que el chorro era yo. *
* Senador de la República
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