Prohibido para nostalgicos

De Simone, pintor y socialista

Se inauguró en el Centro Cultural de España una exposición de Alfredo Simone. Cada tanto lo recuerdan. Su nombre apenas si aparece cuando algún rematador gana buenos dólares con alguna de las pocas pinturas que quedan de la gran cantidad que pintó. Fue un apasionado cronista que plasmó con alma y vida su amor por el Montevideo de los barrios populares. Una familia de tanos lo trajo al Uruguay siendo un niño. Inmigrantes que llegaban en la clase económica de los descomunales «transatlánticos». Y la Vieja Capital abrió ante sus ojos azules los suburbios y sus vecinos para que los pintara para siempre. Testimonio de su pintura en el tiempo. Recorrió todo el barrio Sur con su caballete a cuestas. Rengo y con un brazo perdido desde su niñez, De Simone no inspiraba lástima ni piedad. Su callejera presencia con la inconfundible túnica gris manchada con mil colores imponía un respeto casi religioso entre los vecinos. Es que pintaba en un estado de gran concentración y hasta éxtasis que le hacía ignorar frío, calor y hasta las lluvias.

Podía caer agua a cántaros que De Simone apenas si protegía su caballete y bajo una ochava y empapado hasta los huesos seguía con su callejero registro del barrio. Sur y Palermo. Pintaba y hacía todo con una sola mano y sus dedos oficiaban de espátula. Rudo en el trato, con una jeringoza italiana en la parla fue desde adolescente un ferviente socialista. Con un sentimiento de clase que lo hizo asumir su humilde condición y marcó su signo de vida entre los laburantes y los más pobres de los que fue uno más. La diferencia la hizo su pincel y el afiebrado registro de rincones y gente donde latía el corazón proletario del viejo Montevideo. Frecuentó la vida bohemia en los legendarios boliches y cafés. Muy tarde llegaba al Tupi Nambá de la Plaza y los tangueros del Café Ateneo lo saludaban con cariño. Un par de noches se apareció en ese sitio con su caballete y pintó a la «Orquesta de Señoritas» que amenizaba al Ateneo. Aunque económicamente siempre estaba muy mal, no dejaba de pintar llegando a utilizar mezclas caseras de hierbas, terracota y aceites que preparaba como un rito salvador. Hasta se hacía los marcos de sus cuadros porque jamás pudo comprarlos. Hundía su mirada en un Montevideo de conventillos y bodegones donde vivió su peregrinar en este mundo. Peleaba con la pasta de colores como peleaba con la vida. Sitios como la fonda del sótano del Mercado de Ciudadela lo recibieron con su andariego caballete. En su sangre de tano prendieron las ideas socialistas y sus pinturas siempre nos hablaron de un Montevideo popular eternizado por su única mano útil que era ¡oh paradoja! la derecha. Su admiración por Frugoni lo llevó a pedir si podía hacerle un retrato que realizó después de mucho esfuerzo pues su autocrítica era más que severa. También realizó exposiciones en La Casa del Pueblo del Partido Socialista y entregó muchas obras a los sindicatos para rifas solidarias. Por unas semanas De Simone estará entre nosotros. Visitemos al compañero y él nos impregnará de formas y colores del viejo Montevideo. Con más estampas y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

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