Fea la mano
Como ya he confesado mi pasión por la recurrencia, citaré unas frases de Bertrand Russell acerca de cuánto puede hacer el fanatismo para que se vean como válidas sus opiniones sobre una cuestión.
Según Russell, muchos, hablando de la existencia de Dios y otros asuntos, han juzgado parte de su tarea desacreditar pruebas de otros. Santo Tomás rechazó las de San Anselmo y Kant las de Descartes, pero ambos expusieron las propias como dogma. Falsificaron la lógica, hicieron místicas las matemáticas y pretendieron que arraigados prejuicios eran intuiciones caídas del cielo.
Este preámbulo se justifica porque aquí y ahora estamos frente a una circunstancia que da razón al librepensador británico: el fanatismo K.
Inducidos por el prepotente que gobierna su país, muchos argentinos han salido a difundir una insólita interpretación del fallo del Tribunal Arbitral del Mercosur, al que Uruguay recurrió afectado por la imposibilidad de acceder a la libre circulación a través de los puentes fronterizos. Según semejante interpretación, Argentina se habría salido con la suya: no resarcirá daños a Uruguay y no recibió advertencias vinculadas a eventuales cortes de ruta en el futuro.
Si pudieran meter a Maradona en el baile -que está para otra- y volver a mostrar el culo de la Carrozzo, hoy propiedad de Sofovich -¡hombre de Menem!-, el tipo de la mirada dicotómica y sus amigos Busti, Taiana y los piqueteros de Gualeguaychú alcanzarían la felicidad total.
Ironías aparte, y ojalá me equivoque, cuanto más fallos favorables a Uruguay se van acumulando más fea se pone la cosa. Del otro lado del río no hay honestidad intelectual ni pensamiento racional. Sobran, eso sí, intereses ocultos.
Esto se arreglará el día que haya algún acuerdo con la poderosa corporación que manipula al émulo de Tristán. Pero ahora creo que no será posible hasta después de las elecciones, allá enfrente.
Es que la corporación quiere otra vuelta con el zamborotudo, y todavía no tiene el dos de la muestra. *
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